La inteligencia artificial (IA) está transformando la educación superior, ofreciendo nuevas oportunidades para mejorar el aprendizaje, la investigación y la innovación. Al mismo tiempo, está representando retos significativos en términos de equidad y acceso, puesto que no todas las instituciones cuentan con las mismas infraestructuras tecnológicas, capacitación docente y recursos financieros para promoverla y aprovecharla. Solo algunas universidades están en condiciones de implementar de manera efectiva herramientas basadas en IA, mientras que otras se están quedando rezagadas. Este fenómeno es conocido como brecha cognitiva 2.0. Acá no se trata ya solo de conectar a los estudiantes a internet o proporcionarles un dispositivo —la brecha 1.0—, sino de garantizar que puedan aprovechar de manera efectiva las tecnologías avanzadas, como IA, análisis de datos, plataformas colaborativas en la nube o laboratorios virtuales. Esta nueva brecha amenaza con convertir la educación superior de calidad en privilegio de pocos. Si no se actúa, los estudiantes de instituciones con más recursos tendrán acceso a herramientas que pueden potenciar su aprendizaje, mientras que aquellos en contextos menos favorecidos se verán limitados. Se correrá el riesgo de profundizar la brecha de oportunidades laborales, en un mercado que demanda habilidades digitales avanzadas. Como resultado, no solo se afectará su trayectoria académica, sino que se limitará su potencial profesional y se perpetuarán ciclos de pobreza y exclusión. Los estudiantes de comunidades en contextos de marginación y de zonas rurales o indígenas donde las infraestructuras tecnológicas son deficientes se encontrarán en desventaja no solo por la falta de recursos, sino por una menor exposición a la innovación y la actualización de metodologías que incorpora la IA.

El estado mexicano como garante constitucional del derecho a la educación de calidad y a la igualdad de oportunidades, no puede limitarse a observar pasivamente cómo se amplía esta brecha. Debe invertir en infraestructura tecnológica en instituciones de educación superior (IES) menos favorecidas para garantizar que todos los estudiantes, independientemente de su contexto socioeconómico, tengan acceso a programas de formación en IA. En el mismo tenor, la Agencia Digital Federal debe diseñar un Plan Nacional que establezca estándares mínimos de infraestructura tecnológica para todas las IES públicas, crear un fondo especial de equiparación digital y monitorear el avance real de cada universidad.

La Secretraría de Educación Pública (SEP) también debe adoptar nuevos criterios en la distribución de los subsidios públicos a las universidades que contribuyan a cerrar, no a abrir más esta brecha. Su actual esquema de distribución parte de criterios basados en matrícula o de histórico presupuestal, pero no toma en cuenta la disparidad contextual de cada región y de cada institución. No se consideran la realidad socioeconómica de los alumnos, el porcentaje de estudiantes de primera generación, el acceso a internet de banda ancha, la cobertura eléctrica ni la brecha digital rural-urbana. Así, una universidad en Chiapas que atiende a jóvenes de municipios con los menores índices de desarrollo humano del país, recibe recursos inferiores a los de instituciones en la Ciudad de México donde los estudiantes cuentan con conexión de fibra óptica y competencias digitales básicas. La SEP debe incorporar criterios de distribución más contextualizados para que los subsidios públicos se conviertan en un verdadero instrumento de equidad.

La IA tiene el potencial de transformar la educación superior, pero no se puede permitir que esta transformación beneficie solo a unos pocos. La equidad y el acceso a la IA son retos que deben ser abordados de manera decidida como una política de Estado, porque la superación de la brecha cognitiva 2.0 es un paso imprescindible para un futuro educativo inclusivo. Si no se actúa, estaremos condenando a toda una generación de jóvenes mexicanos -especialmente a los que provienen de los contextos más desfavorecidos- a quedar excluidos del conocimiento y de las oportunidades. Actuemos ya.

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