En la natación mexicana solemos soñar con medallas, marcas y ciclos olímpicos. Pero a veces los avances más importantes ocurren lejos de los reflectores del alto rendimiento. Ocurren en la base, en el punto donde cientos de niños y jóvenes buscan competir, aprender y sentir que su esfuerzo también tiene un espacio en el calendario deportivo. Ahí es donde cobra sentido el Torneo Nacional de Nuevos Valores Curso Corto celebrado en Querétaro.

Más que un evento deportivo, este torneo se ha convertido en una demostración de cómo el deporte puede ser una herramienta de desarrollo social y económico cuando existe planeación estratégica.

Con más de 850 nadadores entre 7 y 17 años, el evento confirmó, en este 2026, algo que muchas veces se ignora: existe una enorme cantidad de talento juvenil que no alcanza a entrar en selectivos nacionales o campeonatos oficiales, pero que necesita competir para seguir creciendo.

La competencia, respaldada por Iridia Salazar, directora del Instituto del Deporte del Estado de Querétaro y medallista olímpica, fue más que un simple torneo. Fue un modelo de gestión deportiva que podría marcar un camino para otras entidades del país.

Salazar entiende que el deporte juvenil no solo forma atletas; también puede convertirse en un motor para la economía local.

Aquí aparece el concepto que mejor define este proyecto: doble impacto. Por un lado, el impacto deportivo es evidente. El torneo abrió un espacio competitivo para nadadores que muchas veces quedan fuera de los grandes escenarios, pero que siguen siendo parte fundamental del ecosistema deportivo. Competir es la esencia del deporte, y cuando esa oportunidad se multiplica, también crece la base de talento.

Pero el segundo impacto, el económico, es igual de relevante. La llegada de cientos de familias a Querétaro durante un fin de semana largo genera una derrama directa en hoteles, restaurantes, transporte y servicios turísticos. El deporte, bien organizado, también mueve economías.

El respaldo del gobernador Mauricio Kuri y el patrocinio del Hospital San José, encabezado por el doctor Manuel Borbolla, fueron piezas clave para que el torneo tuviera una estructura sólida. La cobertura médica permanente, el apoyo logístico y la organización de jornadas maratónicas de hasta doce horas reflejan la seriedad con la que se ejecutó el evento.

Este tipo de alianzas público-privadas no solo hacen posible este torneo: lo convierten en un activo estratégico para el estado. En un país donde muchas veces se discute la falta de recursos para el deporte, lo sucedido en Querétaro demuestra que el verdadero cambio está en la creatividad institucional. No se trata únicamente de invertir más, sino de invertir mejor.

El Torneo Nacional de Nuevos Valores Curso Corto deja una lección clara para el deporte mexicano: si se diseñan eventos que combinen desarrollo deportivo, turismo y participación social, el impacto puede multiplicarse.

La natación mexicana necesita más espacios de competencia, más experiencias formativas y más oportunidades para los jóvenes. Si otros estados observan con atención lo ocurrido en Querétaro, podrían descubrir que el verdadero valor del deporte no está solo en ganar medallas, sino en crear comunidades, mover economías y construir futuro desde el agua.

Profesor deportivo

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