La Revista de la Universidad de México cumple 95 años. El tema: las bibliotecas. Las revistas viven en bibliotecas. Son en sí mismas constancia de los cambios del pensamiento, los modos de vida, las miradas de autores, la elección de los temas a lo largo del tiempo. La Revista de la Universidad de México ha sido parte de la vida de muchos en sus numerosas etapas y diseños: su elegancia tabloide, el momento de papel revolución, el formato carta que ha tenido en algunas ocasiones y que tiene en este número bajo la dirección de Jorge Comensal.

Las bibliotecas, ese tercer espacio como lo define Daniel Goldin, quien fuera director de la biblioteca Vasconcelos, en el texto donde comparte su proyecto de creación de una biblioteca pública llamada Jardín LAC Vizcaínas, las siglas corresponden a lectura, arte y conversación, que pronto abrirá sus puertas. Ese tercer espacio que no es la casa ni el trabajo, que no es la casa ni el aula. Donde no sólo se lee y se guarda silencio sino que hay actividades y otras maneras de disfrutar el espacio que resguarda el pasado para que la libertad de lectura, la curiosidad o necesidad del conocimiento, la importancia de preservar la memoria nos dé identidad y orgullo, nos ancle a un pasado y despierte futuras ideas. Laberintos mágicos, utopías inalcanzables porque jamás podremos abarcar ni una mínima parte de su contenido.

Artículos como el de Hera Lindsay Bird, poeta que comparte su experiencia como bibliotecaria de una secundaria, me remite a mi propia relación con la biblioteca escolar. En la escuela en la que estudié teníamos la obligación de hacer un reporte mensual de lectura en la primaria. La que la dirigía se llamaba Miss Daily. Señorita Todos los días. Qué buen nombre para una bibliotecaria que aspira a crear el gusto lector. Ahí comprendí los códigos de préstamo y devolución.

Leila Guerriero nos comparte en este número que festeja los 95 años de la revista, con una mirada a su biblioteca personal. Su apego a las paredes de libros en su espacio en Buenos Aires, cómo Rodrigo Fresán la encaminó hacia la lectura de autores estadounidenses del siglo XX y XXI y esos ocupan gran parte de sus repisas. La Revista de la Universidad de México hace énfasis en lo vivo que es una biblioteca cuando María Andrea Giovine Yáñez, directora de la biblioteca de México en la UNAM afirma que la labor de las bibliotecas es un contrapunto poético a la efímera vorágine del contenido digital. Son albergues, constancia de lo que permanece a pesar de que cambia.

Son también, dice Alberto Manguel, símbolos culturales de poder, por eso su destrucción. En las diversas guerras se ha pretendido borrar el pasado subrayando la sumisión a nuevos códigos y versiones de la propia historia. Pero las bibliotecas no mienten, incluso como fantasmas, como vestigios de lo que fueron. Sor Juana Inés de la Cruz tuvo también que desprenderse del tesoro de sus libros amasado a lo largo de más de 25 años de pertenecer a la orden de las San Jerónimo. “Donarlos o venderlos para aliviar la pobreza” fue lo que le requirió el arzobispo Aguiar y Seijas a una mujer pensante, que le estorbaba. La biblioteca de Sor Juana era el espacio de esa libertad lectora y la de palabra, que un laboratorio del pensamiento y la imaginación, como son las bibliotecas, podía ofrecerle. Por eso las bibliotecas son espacios de resistencia donde habita lo que somos y lo que hemos sido y un horioznte de futuro. Enhorabuena al casi centenario cumpleaños de una revista que aceita nuestros asombros, apetitos estéticos y andamiajes de ideas.

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios