Me atraen los temas que Ethel Krauze, con quien comparto año de nacimiento y por lo tanto una mirada generacional, toca en sus cuentos y novelas: las familias, ser judía mexicana en la Ciudad de México y la experiencia de la adolescencia. En la antología de cuentistas mexicanos de los años 50 y 60 (Points of Departure) para City Lights, incluí el cuento de su autoría “Isaías 6, 14” del libro El lunes te amaré. Además de la situación vista desde una joven de origen judío que pasará la nochebuena con su familia cenando en Sanborns, mientras sus amigas están en los festejos navideños familiares, me entusiasmó la persuasión de la voz narrativa por su naturalidad y su frescura. La muy aplaudida Samovar (Alfaguara, 2023) teje la relación entre una nieta, joven universitaria con un amorío secreto, y su abuela. Ethel Krauze, que también publica poesía, ensayo y es académica y docente en Cuernavaca, donde radica, me vuelve a sorprender en su reciente novela, El terror de las puertas (Alfaguara, 2026). Contada desde el punto de vista de una chica que transita de los 11 a los 16 años, son los ojos y el lenguaje con el que mira el mundo que la rodea la ecuación atinada para que nos fundamos con ella: su desparpajo, su incomodidad, su fantasía, su dificultad para expresar la precisión de sus emociones. Y otra vez la vida de familia donde el padre es riguroso y se hace lo que él manda —hasta cierto punto— y la madre explora la posibilidad de tener un espacio personal con flirteos o con un negocio floral que asombra a las hijas por ese entusiasmo que ha dedicado para inventar una ventana o tal vez puerta de reconocimiento a través de Siempre flores.
Es cierto, como lectora no puedo evitar solazarme con la recreación de época que hace la autora, en un despliegue lúcido de memoria e investigación, donde los lugares, los coches, la música, las costumbres van pintando un mundo que yo viví también, pero sin duda en la protagonista y en la dinámica de familia nos reconocemos todos. Krauze ha escrito una novela de crecimiento y ha hecho de las puertas que se abren la metáfora idónea para balancear los secretos, los espacios íntimos y privados y lo que se descubre. En los tres momentos en que está dividida la novela, 11, 13 y 16 años, las puertas cerradas y abiertas van mudando. En la casa de la protagonista hay puertas abiertas donde es difícil encontrar el espacio privado, hay conversaciones que se escuchan por teléfono, las peleas de los padres que atraviesan paredes, una abuela que calma las aguas, esa sensatez que también a veces quisiera quebrarse aquejada de sus propias historias. Como la más chica de la familia, le toca ver cómo su hermano es enviado a una escuela militar para apaciguar su rebeldía y cómo su hermana, que estudia en Chapingo, con gran arrojo y seguridad, presenta a otra chica que es su pareja.
El padre resulta un personaje interesante porque la ostentación de autoridad se va replegando, como si reflejara los cambios que ocurrían en la década de los 60, donde los jóvenes empezamos a tener más voz y participación. Salpicada de humor y ternura, divertida y dulce, El terror de las puertas confía en el andamiaje de las palabras y las expresiones de una época y una edad para lograr la fuerza y la vida que nos envuelve en una novela. En la novela que estrena Ethel Krauze habitan las puertas que hemos abierto con torpeza y con miedo, pero con decisión para crecer. (Queridos lectores: me mudo a los jueves a partir de la próxima entrega)

