El escenario internacional registra los más numerosos y dispersos conflictos armados de los que se tiene registro después de la Segunda Guerra Mundial. Las noticias se concentran en la invasión de Rusia a Ucrania y la confrontación entre las fuerzas armadas de Israel y el grupo terrorista Hamás en la zona de Gaza. No obstante, en el continente africano se registran 35 conflictos armados de diversa intensidad. En todos estos procesos las corresponsalías de guerra reportan la situación del conflicto, sus avances, victorias y derrotas, y la dudosa credibilidad de las cifras de bajas entre las fuerzas combatientes.

Hoy los medios reportan los conflictos armados como una forma de guerra sin batallas y batallas sin soldados, unos muertos en combate y otros lisiados física o mentalmente, que serán los héroes anónimos que se recordarán en el futuro. Muchas de estas víctimas anónimas han sido también los hombres y mujeres periodistas que cubrían esas guerras con la noticia como consigna y la verdad como su única arma.

En los años sesenta, durante la guerra de Vietnam las empresas estadounidenses de televisión y prensa escrita situaban a sus corresponsales en el campo de batalla para registrar desde la línea de fuego con voz, imagen y textos su testimonio con escenas de combate, directamente a los hogares de ese país.

Durante esos años como periodista y con el cargo de vicepresidente de noticias de Telesistema Mexicano (hoy Televisa), nos preocupábamos por evitar transmitir imágenes violentas a las familias mexicanas, ante un público que era consciente de la gravedad del conflicto, pero cuyas causas nos eran distantes y ajenas. Desde entonces, la responsabilidad de la información tiene el dilema de mostrar la violencia descarnada con toda la potencia de la noticia, o, en su lugar, reconocer los límites éticos para informar acerca de la gravedad del conflicto armado previniendo la difusión de imágenes y escenas trágicas.

Hoy los principales medios impresos, digitales y electrónicos muestran la destrucción, el daño en zonas urbanas y la expresión de la tragedia humana en las pérdidas civiles indefensas e inocentes, pero se cuida el impacto visual de la tragedia con imágenes desvanecidas de personas fallecidas, mutiladas o heridas que muestran el impacto devastador de la guerra en las poblaciones que la viven y la sobreviven, cuyos efectos emocionales y físicos anidarán en sus conciencias a lo largo de su vida.

La corresponsalía de guerra tiene la misión de demostrar los hechos violentos de nuestro tiempo, y la edición de sus contenidos busca mitigar las penas y prevenir que toda una generación viva a la sombra de un rencor.

Cuando se logre la paz, quizá en realidad se conozca la magnitud de los delitos, abusos y excesos realizados por las fuerzas combatientes, y tal vez entonces sabremos hasta qué grado pudo descender la naturaleza humana por la insensatez de sus líderes.

Rúbrica. Del Plan Marshall a la “liberación” de Trump. El 3 de abril de 1948 el presidente de Estados Unidos Harry S. Truman promulgó el Plan Marshall para la reconstrucción de Europa, para contener la amenaza de la Rusia Soviética sobre ese continente. Hoy siete décadas después, Donald Trump pone en vigor un plan de barreras comerciales que busca fortalecer la economía de su país y expone a Europa a las ambiciones expansionistas de la Rusia de Putin.

Político y escritor. @AlemanVelascoM

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