Hace una semana se filtró un plan para la paz en Ucrania que, al parecer, había negociado la administración Trump con Moscú, pero sin incluir aún a Ucrania en esas conversaciones. Justo el fin de semana estábamos en el foro de Halifax hablando de ello, como lo comentamos por acá. Trump había impuesto un ultimátum a Zelensky para aceptar el plan hacia el jueves pasado. Pero el documento fue percibido en Kiev y en Europa como altamente desfavorable para Ucrania. Zelensky incluso dijo que el país enfrentaba el dilema de perder su dignidad o perder a un gran aliado (Estados Unidos). Según la Casa Blanca, y en línea con lo que nos dijeron los senadores en Halifax, nada era definitivo; se trataba solo de negociaciones en curso. Finalmente, Kiev logró acotar el plan a 19 puntos que, según se afirmó, ya eliminaban los elementos más negativos para Ucrania, aunque dejaban pendientes algunos temas clave. En medio de declaraciones cruzadas, ahora el Kremlin está mostrando que ese plan reducido es inaceptable para Moscú, lo que, si es correcto, nos devuelve al punto de partida. ¿Cuál es el contexto de estas negociaciones? ¿Qué aspectos contienen ambas versiones? ¿Cómo están haciendo su cálculo las partes? ¿Qué sigue? Algunos apuntes al respecto:

1. Primero debemos regresar al terreno de la guerra. Hoy Rusia mantiene avances marginales: progresos extremadamente lentos e incrementales, obtenidos a un costo altísimo para sus tropas y, en general, para el país y la sociedad rusas. Al mismo tiempo, continúa bombardeando infraestructura energética y civil en Ucrania, mientras Kiev ha logrado mantener campañas eficaces con drones contra instalaciones militares y energéticas en territorio ruso. Pero entre todos esos elementos, conviene considerar que: (a) aunque las líneas del frente se mantengan relativamente estables, esa estabilidad opera a favor de Rusia, no de Ucrania, porque es Moscú quien controla 20% del territorio ucraniano —no al revés— y nada indica que ello vaya a cambiar pronto; (b) si bien ambos países pagan costos humanos, económicos y sociales altísimos, y la situación financiera de ambos es delicada, basta escuchar el panorama planteado por los miembros del gobierno y del parlamento ucraniano en Halifax para entender la dimensión: sin apoyo internacional, la situación para Ucrania es cada vez más complicada. Esto convierte la guerra no en una competencia por grados de victoria, sino en un esfuerzo por evitar grados de pérdida relativa. Y, en ese sentido, es imposible ignorar que Ucrania sigue siendo altamente dependiente de Washington, sin que Europa pueda aún compensar ese balance.

2. En este contexto, debemos evaluar los objetivos tácticos del Kremlin no como una desesperada necesidad de romper las líneas ucranianas y conquistar muchísimo más territorio —algo que hoy luce francamente difícil para Moscú— sino como un conjunto de tácticas destinadas a desgastar, asfixiar y fragmentar tanto a Ucrania como a las sociedades occidentales que la respaldan. Se trata, sobre todo, de una carrera contra el tiempo, en la que Moscú considera que tiene ventaja, y donde las concesiones que busca Putin provendrán menos de un progreso militar adicional y más del desgaste acumulado. Y detrás de todo ello están los objetivos estratégicos de Rusia, que incluyen, pero no se limitan a Ucrania: frenar la expansión de la OTAN, delimitar una zona de seguridad para Rusia y lograr repliegues armamentistas por parte de la alianza atlántica para asegurar un perímetro estratégico que Moscú considera indispensable.

3. En ese entorno deben leerse los escándalos de corrupción que rodean al círculo del presidente Zelensky y las divisiones internas que están saliendo a la luz desde Ucrania, factores que hacen cada vez más difícil para el país sostener su defensa. Considere que apenas ayer, en medio de todo el proceso que describo, la casa del jefe negociador ucraniano fue allanada por investigaciones de corrupción. Ese es el ambiente bajo el cual debe analizarse cualquier negociación.

4. Como dijimos, y pese a la relativa posición de debilidad de Ucrania en este momento, el plan de paz de 28 puntos filtrado el pasado fin de semana resultaba inaceptable tanto para Kiev como para Europa. El mayor reto para Ucrania era reformular ese plan sin romper la cuerda con Trump: mostrar ante él gratitud y compromiso, pero sin ceder en puntos que podrían convertir a Zelensky en un traidor ante su propia sociedad.

5. El resumen es el siguiente: el plan original aceptaba el control ruso de facto sobre los territorios ocupados (Crimea y partes de Donetsk y Luhansk) e incluso otorgaba a Rusia ciertas zonas que hoy no controla. En cambio, el plan modificado elimina o suaviza ese lenguaje y establece que las negociaciones territoriales comenzarían desde la línea actual del frente, sin reconocer la soberanía rusa. En suma, el plan de 19 puntos establece que Ucrania no intentará recuperar territorio por la fuerza, pero rechaza cualquier reconocimiento de soberanía rusa y preserva la posición jurídica ucraniana.

6. El plan original incorporaba una prohibición explícita o de facto a que Ucrania se uniera a la OTAN, algo que Europa interpretó como una renuncia al principio de “puertas abiertas”. El plan de 19 puntos elimina esa prohibición permanente y deja el tema abierto para el futuro, aunque sí acepta que no habrá tropas “permanentes” de la OTAN en Ucrania en tiempos de paz.

7. Otro de los objetivos de Putin es la “desmilitarización de Ucrania”, entendida como una reducción muy considerable de sus fuerzas armadas. En el plan de 28 puntos, esto implicaba dejar al ejército ucraniano en 600 mil efectivos; en el nuevo plan de 19 puntos la cifra subiría a 800 mil.

8. Hay otros elementos, pero destaco el siguiente: el plan de 28 puntos ofrecía garantías estadounidenses consideradas vagas y sin mecanismos sólidos de cumplimiento, además de incluir fuertes restricciones al uso de la fuerza por parte de Ucrania. El plan de 19 puntos, en cambio, propone garantías de seguridad más robustas, asegurando la defensa de Ucrania siempre que Kiev no lance ofensivas dentro de Rusia. También introduce un mecanismo de supervisión y cumplimiento de carácter multilateral entre Europa y Estados Unidos.

9. En ese contexto, la Casa Blanca ha afirmado que las negociaciones siguen en curso y, de hecho, Trump ha dicho que solo faltan resolver desacuerdos menores. Pero es justo aquí donde deben incorporarse las declaraciones del canciller ruso, Sergey Lavrov: primero, advirtiendo que, si el acuerdo actual se aparta del “espíritu de Anchorage” (donde Putin reiteró sus metas maximalistas), ese acuerdo sería inservible; y luego, este miércoles, cuando el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, afirmó que es “prematuro” concluir que el conflicto en Ucrania se acerca a su fin. En otras palabras, para Moscú aún falta mucho por negociar.

10. Por tanto, se abren varios escenarios tanto de negociación como de continuidad del conflicto.

a. Un primer escenario consiste en que la administración Trump alcanzara un acuerdo provisional al estilo del conseguido en Gaza. Sería un plan con un número de puntos, pero que iniciaría con un consenso básico: detener ya las hostilidades y pactar entendimientos mínimos que permitan abrir negociaciones más serias más adelante. Dada la actividad y energía que Trump está invirtiendo en el tema, este escenario tiene una probabilidad media y debe tomarse con seriedad. Al igual que en Gaza, no implicaría una solución definitiva, dejaría numerosos pendientes para conversaciones futuras, aunque mantendría el riesgo de una reanudación del conflicto.

b. Otro escenario —quizás hoy el de mayor probabilidad— es que el Kremlin mantenga sus posiciones más duras, obligando a Trump a presionar a Ucrania para ceder en varios de esos puntos (y en ese mismo proceso, presionar también a la OTAN para que atienda algunas de las demandas que Putin dirige a la alianza). En ese caso, Trump podría intentar conseguir al menos un cese al fuego temporal, o, bien, si no lo logra, podría volver a pausar las negociaciones y tendrá que elegir entre retirar parcial o totalmente su respaldo a Ucrania, ejercer mayor presión sobre Moscú activando medidas como sanciones secundarias, efectuar una combinación de ambas o bien, simplemente retirarse del proceso y dejar las cosas como están. Este es por tanto un escenario que podría caminar por direcciones muy distintas. Pero lo más probable es que Trump tendrá que enfrentarse pronto a esa serie de elecciones.

c. Dependiendo del camino específico que adoptara el escenario anterior, podríamos ver la continuación de la guerra exactamente como la hemos observado en los últimos meses (un escenario que se sigue valorando como altamente probable) aunque, si Washington redujera su apoyo a Kiev en áreas clave como inteligencia y suministro de armamento, podríamos observar una capacidad disminuida de Ucrania para sostener su defensa. Con el paso de varias semanas o meses, ello podría forzar a Kiev a realizar concesiones que hoy no está dispuesta a aceptar.

En síntesis, todos estos escenarios son plausibles, aunque con los datos de los que hoy disponemos algunos presentan mayor probabilidad que otros. En todo caso, habrá que seguir monitoreando de cerca los eventos y ajustar estos escenarios conforme surjan nuevos desarrollos.

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