Este es una semana crucial para la democracia mexicana. Todo parece indicar que la Presidenta dará a conocer su propuesta de reforma electoral el martes en la mañana. Por lo que ha transcendido en prensa, no parece tener los votos de sus aliados partidistas (PVEM y PT), por lo que el debate en el Congreso —por primera vez en este sexenio— puede significar la diferencia. Además, coincido con lo que dice Javier Martín Reyes, si ya vamos a discutir un cambio en materia electoral, aprovechemos y mejoremos el sistema actual. Es decir, digamos que sí a la reforma electoral. Hay mucho que hacer. Van algunos puntos a tener en mente:
- Debemos a toda costa proteger la pluralidad del Congreso. Se ha repetido hasta el cansancio, pero vale la pena decirlo otra vez: la representación proporcional es el mecanismo que permite que las minorías se vean reflejadas en el Congreso. Se pueden hacer ajustes: listas abiertas o desbloqueadas, que entren los segundos mejores lugares, o que existan primarias dentro de los partidos; pero tengamos claro que reducir su alcance es reducir la pluralidad política del país.
- Se debe garantizar y hacer más equitativo el financiamiento público. Ahorita el tema que abruma, y con razón, es la infiltración del dinero del crimen organizado en las campañas, pero también es gravísimo que los intereses empresariales dominen la política. Si el dinero manda, entonces no manda el voto de cada uno de nosotros. Por tanto, el dinero público es condición necesaria para garantizar la equidad en las contiendas.
- Se debe hacer más ágil y realista la fiscalización del INE a las campañas. Estamos en el peor de los mundos: una regulación abigarrada, compleja, kafkiana; y, además, desactualizada y desconectada de la realidad de lo que se vive en las campañas. Dejemos atrás las ideas idílicas en donde las contiendas electorales son momentos de “republicanismo cívico” y veámoslas como lo que son: estructuras organizadas desde los partidos para promover y conseguir el voto ciudadano. Eso implica que no todos los participantes son voluntarios y que se requiere de una organización económica para que todo opere. La fiscalización debe regular eso y no el ideal de campañas que algunos imaginan desde sus escritorios.
- Corregir la sobrerrepresentación. El tema, como se sabe, está ya muy diagnosticado. El eje aquí es que el porcentaje de votos se traduzca de la manera más fiel en el porcentaje de representación de las distintas fuerzas políticas. Hay muchos esquemas para hacerlo. Lo primero es, por supuesto, regular que ninguna coalición puede estar sobrerrepresentada de forma tan burda como actualmente está la del oficialismo.
Hay muchos temas más que se pueden abordar. Les sugiero consultar la síntesis de propuestas de la obra Otra reforma electoral sí es posible. Síntesis de las propuestas de Reforma sin regresión, que ha salido bajo el sello del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM (https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/16/7898/30_7898.pdf).
Los que creemos que la democracia es deliberación y debate, no podemos dejar de hacerlo de forma contundente hoy y, menos, cuando estamos en un proceso de franca erosión democrática.
@MartinVivanco

