Las mujeres que ocupamos espacios públicos, especialmente en la política, enfrentamos desafíos día a día, los cuales actualmente seguimos luchando para visibilizarlos y generar un cambio que nos permita seguir avanzando. No fue hasta finales de 2019 que la violencia política de género fue tipificada como delito electoral, lo que significa que antes de eso, las mujeres en la política nos encontrábamos prácticamente indefensas ante las conductas que la componen. Desafortunadamente esta violencia sigue siendo una realidad lacerante que atenta contra la democracia y el ejercicio pleno de nuestros derechos. Se manifiesta de diversas formas: agresiones verbales, descalificaciones, amenazas, hostigamiento e incluso limitaciones en el ejercicio del cargo. Afecta principalmente a aquellas que decidimos alzar la voz, participar en la vida pública y negarnos a ser silenciadas.

Quienes ejercen esta violencia buscan minimizar nuestra voz, desacreditarnos y socavar nuestra labor, minando nuestro derecho a representar y decidir. No se trata de un problema menor ni de casos aislados; es un fenómeno estructural que impide el avance de la igualdad. Es inverosímil que en pleno 2025 esta situación siga afectando nuestras funciones.

A menos de seis meses de ser legisladora, he enfrentado esta problemática y denunciado ante las autoridades competentes a quienes han ejercido violencia política de género en mi contra, incluso utilizando los medios institucionales. No es un tema personal, sino una exigencia de justicia y respeto hacia todas las mujeres que han sido víctimas de estas prácticas, así como un precedente que demuestra que ninguna de nosotras merece un menor trato ni agresiones solo por participar en un entorno particularmente patriarcal.

No podemos permitir que la violencia siga normalizándose. Cada vez que una mujer es atacada por el simple hecho de ocupar un espacio de poder, se vulneran los derechos de todas. Por eso, hago un llamado a mis compañeras legisladoras, a las mujeres en la política y a la sociedad en general para que no dejemos pasar ninguna agresión; callar no es una opción. Es momento de exigir que las leyes que protegen a las mujeres en la política se apliquen con firmeza. No basta con la paridad en los números si no se garantiza el ejercicio del cargo sin miedo y sin violencia.

Una democracia real solo es posible cuando las mujeres podemos participar en igualdad de condiciones, sin ser objeto de ataques por nuestra condición de género. Como mujer y legisladora, seguiré alzando la voz y luchando por un entorno libre de violencia para todas. No nos vamos a callar.

Diputada Federal LXVI Legislatura

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