Aviéntese, anímese, ¿se va a lanzar? Son las palabras que usa la gente o las preguntas que me hacen para referirse a si voy a ser candidato a la gubernatura de Sinaloa en el próximo proceso electoral de 2027. Las anteriores expresiones nos ilustran la creencia de que ser candidato a un puesto de elección popular es un acto de arrojo o valentía y no un proyecto político que demanda visión, estrategia, equipo humano, organización, financiamiento y un gran costo personal y familiar, que por tanto requiere una planeación y por ningún motivo improvisación.
Además, una decisión tan trascendente exige cierta claridad sobre un plan de gobierno que responda a la pregunta ¿para qué quieres ser gobernador de Sinaloa?
Hemos visto muchos personajes políticos que su sueño de vida era “ser gobernador”, y cuando lo fueron no sirvieron porque su sueño ya estaba cumplido, su sueño nunca fue “gobernar bien”, solo ser gobernador. Así tenemos que cuando esta ha sido la motivación del político es fácil que este se enferme de poder y autoritarismo, se corrompa o se pierda en la frivolidad, o todas las anteriores como señalan los exámenes de opción múltiple.
Hoy vemos demasiados aspirantes al gobierno de Sinaloa donde muchos no tienen el perfil (personal, profesional ni político) y la mayoría no sabe para qué quiere ser gobernador.
Quien desee gobernar Sinaloa debe tener una gran claridad sobre qué hará en el tema de la seguridad, el estado de derecho, la procuración de justicia y el combate al crimen organizado. Para esto, el pretenso candidato a gobernador debe saber qué tanto cuenta con el apoyo del Gobierno Federal y el ejército, como de los Estados Unidos a Sinaloa, qué piensan los empresarios y si están dispuestos a comprometerse, y tener el acceso a los medios de comunicación nacionales e internacionales.
También el ansioso a gobernar debe tener un proyecto para combatir la corrupción organizada que da sustento institucional a los cárteles de la droga, y combatir a las camarillas mafiosas que han saqueado al Estado desde hace más de 25 años.
El nuevo gobierno deberá reactivar la precaria economía estatal a través de detectar e impulsar las actividades detonantes de la misma, aceptando que las diferentes regiones del estado tienen vocaciones distintas.
En el próximo sexenio (2027-2033) se tiene que impulsar un proyecto social que esté sustentado en las oportunidades de empleo y autoempleo para los jóvenes, así como en servicios de salud y educación de calidad con estricto apego a la demografía estatal.
Finalmente, el campo requiere un relanzamiento para sacarlo del abandono y la quiebra en que lo ha sumido Morena y sus gobiernos autollamados la 4T.
Yo en su momento me preparé para gobernar Sinaloa, sin embargo, no tuve la capacidad para convencer a los sinaloenses que mi proyecto tenía que construirse en peldaños (Diputación, Senaduría, Gobernador) y así en febrero de 2019 cerré un ciclo en mi vida y me retiré de la política electoral de manera definitiva ya hace más de 7 años.
Hoy este reto de gobernar bien Sinaloa les toca a otros. El estado ya no aguanta ser administrado en sus problemas y mucho menos soporta la improvisación.
Sinaloa requiere un viraje estratégico, un proyecto disruptivo.
¿Quién está preparado para encabezarlo?
Ingeniero industrial y empresario
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