Se están cumpliendo los primeros 6 meses de gobierno de Claudia Sheinbaum. Su agenda ha sido variada. Temas centrales: seguridad, abasto de medicamentos en hospitales, distribución de programas sociales, mantener giras a los estados los fines de semana y el mensaje que quiera mandar las mañanas desde Palacio Nacional.

Digamos que de octubre a diciembre no tuvo mayor problema. Con la victoria de Donald Trump, el reto para manejar el discurso presidencial empezó con la entrada en vigor de su presidencia el 20 de enero pasado. Ahí cambiaron las cosas. Vino entonces la primera crisis que la Presidenta navegó sin mayor problema, que fue cuando ganó los primeros 30 días de plazo para que se aplicaran aranceles al acero y al aluminio. Y juntos, aranceles y seguridad, han estado casi todo el tiempo en la discusión.

La estrategia de seguridad de este gobierno se presentó el 8 de octubre en Palacio Nacional. La presentó Omar García Harfush, secretario de Seguridad Pública Federal.

En una de las reuniones preparatorias de este plan que se realizó en la todavía casa de transición de la presidenta electa, ella urgió desde entonces a elaborar un plan efectivo en contra de los delitos de alto impacto. Uno de los puntos en los que se centró fue en los asesinatos en los 10 o 12 municipios más violentos del país, ya Culiacán incluido en ese momento.

En ese entorno ella argumentó que era necesario dar resultados en un tiempo considerablemente rápido porque en la eventualidad de ahondar el abandono en el que estaban las cosas, “no nos vaya a salir un Bukele” de la oposición. Sí, un tremendista de las palabras que se aprovechara de la circunstancia de inseguridad, de la indolencia de los gobiernos locales y de su insensibilidad, y le diera al traste al exitoso modelo de la llamada cuarta transformación.

Por supuesto que se refiere al presidente de El Salvador, Nayib Bukele. Ese joven político que entendió y se colgó del hartazgo de los ciudadanos para promover en su primera campaña y ya como presidente, detenciones masivas de pandilleros que tenían descompuesta y harta a la sociedad. Producto de esas detenciones masivas, metió a las cárceles a pandilleros y los sometió a tratos prácticamente inhumanos para demostrarle al ciudadano cómo se debía tratar al delincuente.

Haciendo un ejercicio rápido de revisión sobre quién en la oposición podría surgir con ese perfil, no encontramos absolutamente a nadie.

Producto del llamado del 8 de octubre, de inmediato 4 gobiernos y gobernadores se sumaron a la estrategia coordinada por el secretario Harfuch: Alfonso Durazo, de Sonora; Marina del Pilar Ávila, de Baja California; Mara Lezama, de Quintana Roo; y Samuel García, de Nuevo León, luego se sumaron Tamaulipas, Aguascalientes, Guerrero y Guanajuato.

Se trata, primero que nada, de que los gobernadores se involucren en el tema de la seguridad, estén en las reuniones, planeación de operativos, observancia del estado en el que están las policías estatales, manejo de recursos de la materia, a dónde se han ido esos recursos, estado de los penales y de las personas privadas de la libertad como se les dice ahora a los internos de las cárceles. Hacer lo que no hacían, o medio hacían o hacían mal pues.

De salida…

Qué pena ver a tanta mujer diputada de Morena arropar a Cuauhtémoc Blanco.

Periodista. @ConFeregrino

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