La mujer mexicana ha desempeñado a lo largo de la historia un papel central y fundamental en el desarrollo del país. Esto lo debemos reconocer todos sin regatear nada de ese invaluable aporte del sector de las mujeres al engrandecimiento nacional. Por siglos la mujer mexicana ha enfrentado desafíos que han puesto a prueba su carácter y ha sabido canalizarlos hacia su propio crecimiento intelectual y espiritual y de lucha constante que la han llevado a avances significativos en todos los aspectos.
En los periodos históricos fundamentales por los que ha atravesado nuestra nación, la mujer mexicana ha ganado un espacio significativo de participación. Durante el movimiento de Independencia, Carmen Serdán, doña Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra y otras fueron valientes y decididas en encauzar el movimiento hacia la victoria que nos emancipó de España.
Ya entrado el siglo XX, en la Revolución Mexicana, la mujer prácticamente tomó las armas y se sumó al movimiento acompañando a sus hombres por las zonas de lucha revolucionaria, dando origen a corridos que en sus letras describen la valentía de mujeres como Adela Velarde (la famosa Adelita), la generala Carmen Vélez, la teniente Ángela Jiménez y muchas mujeres más que aparte de empuñar las armas, preparaban comida y asistían a los heridos. Reflejaban un carácter decidido y tenaz por sacar de la pobreza y el abandono a los suyos.
Fue en esa etapa, cuando Hermila Galindo Acosta, simpatizante de Francisco I. Madero y de Venustiano Carranza, se convierte en un ícono de los derechos de la mujer, al proponer incluir el voto femenino durante la redacción de la Constitución de 1917, sin embargo no logra su cometido de inclusión de esta propuesta de avanzada.
Asimismo, a lo largo de la vida postrevolucionaria de México, surgieron figuras femeninas tan importantes y fundamentales en varios sectores, como la pintora Frida Kahlo, la escritora Rosario Castellanos, la política Griselda Álvarez; todas representantes de la fortaleza de carácter de la mujer mexicana.
Este es el marco histórico que engrandece la participación de las mujeres mexicanas en la historia nacional. Por ello mismo debemos reconocer que no hemos sido lo suficientemente valientes para derribar los muros que aún avasallan el crecimiento y desarrollo pleno del sector femenil mexicano. Existe la voluntad del Legislativo para garantizar el ejercicio pleno de los derechos fundamentales de la mujer. Pero en los hechos se manifiestan pocos avances que indiquen un cambio de actitud colectivo hacia ese objetivo.
Incluso se han recrudecido delitos como el feminicidio que son una vergüenza en pleno siglo XXI. La violencia intrafamiliar todavía se mantiene en alto como una de las principales causas de afrenta hacia las mujeres.
En este aniversario del Año Internacional de la Mujer, seamos más empáticos con ellas y demostremos nuestro agradecimiento por su entrega en la defensa de las mejores y fundamentales causas para el país en los periodos de nuestra historia. Las mujeres mexicanas, todas, merecen nuestro respeto y solidaridad. Sin ellas apenas seríamos un mal proyecto de nación.
Hasta la próxima.