El INE ha dado luz verde a la conformación de Movimiento Viva México, el proyecto conservador al que le da cara y voz Eduardo Verástegui. Con ello, la extrema derecha en México ha dado un paso gigantesco. No es un movimiento aislado ni una ocurrencia de un actor con delirios mesiánicos: es parte de la avanzada global de agendas ultraconservadoras con alianzas internacionales que, bajo la bandera de la "vida, la familia y la libertad", buscan imponer un retroceso brutal en derechos humanos y libertades individuales.

Verástegui, exmodelo y actor, pasó de ser el galán de telenovela a fabricarse como líder de la “nueva derecha”. Su transformación no fue casualidad: dejó de ser un producto del entretenimiento para convertirse en una pieza clave de la maquinaria conservadora que necesita figuras carismáticas para atraer adeptos.

Lo hemos visto antes: Trump, Milei, Bolsonaro. La ultraderecha entendió que lo emocional pesa más que lo racional. Verástegui lo ejecuta a la perfección: predicador moralista con acento de galán, nacionalista de redes sociales que vive en Miami, defensor de “valores cristianos” que usa su fe para aplastar derechos.

Cuando la religión se convierte en doctrina de Estado

Para entender Movimiento Viva México basta con leer sus publicaciones: criminalización del aborto, fanatismo religioso, nacionalismo rancio y “anticomunismo” como sinónimo de estar contra la izquierda. Algo así como el “viva la libertad, carajo” de Milei, pero con la doble moral del catolicismo ultraconservador.

El problema no es solo su agenda antiderechos, sino la impunidad con la que la promueven. Ahí está Verástegui usando el abuso sexual infantil como munición en X: “Seguro abusaron de ti de niño y seguro lo siguen haciendo”, escribió para desacreditar a quien lo cuestionó sobre Marcial Maciel.

Repitamos la frase: usó el abuso sexual infantil para atacar a otra persona. En un país con uno de los índices más altos de abuso infantil en América Latina, el líder de este movimiento no condena, sino que banaliza el problema.

El “negocio del aborto” y otras falacias de la ultraderecha

Verástegui ha dicho que su movimiento “terminará con el negocio del aborto en México”. ¿Desde cuándo defender derechos es un negocio? No hay nada más miserable que vender como “pro-vida” lo que en realidad es una cruzada contra la autonomía de las mujeres.

Pero aquí viene la ironía mayor: al igual que la 4T, la ultraderecha usa la desinformación como su mejor arma. Enemigos naturales en apariencia, en realidad se parecen más de lo que sus discursos sugieren. Porque mientras Sheinbaum tacha a Verástegui de clasista y racista, impulsa políticas igual de conservadoras: militarización, debilitamiento del Poder Judicial, ataques a la sociedad civil.

Nada más reaccionario que concentrar el poder en manos de un solo grupo. Nada más peligroso que la falsa dicotomía de “izquierda vs. derecha” cuando ambos polos juegan con la democracia como si fuera un tablero personal.

Morena: incubadora de la extrema derecha

El discurso oficial repite que México nunca será un país de derecha, pero la realidad es que Morena ha sido el mejor aliado de la ultraderecha. Su obsesión por concentrar poder y destruir contrapesos ha abierto camino para que figuras como Verástegui se presenten como la única alternativa.

Nada ha fortalecido más a los extremistas que la militarización del país, la erosión del Estado de derecho y la narrativa de que la oposición liberal es traidora o conservadora. Porque, ¿cómo sostener que la 4T es progresista si ha entregado puertos, aduanas y aerolíneas al Ejército? ¿Si ataca a la Suprema Corte? ¿Si criminaliza a la sociedad civil?

Mientras Morena destruye espacios de oposición con una agenda que nada tiene de izquierda, la extrema derecha gana terreno al presentarse como un freno al autoritarismo.

Lo vimos en Brasil con Bolsonaro, en Argentina con Milei, en EU con Trump. Y ahora en México. No es que la ultraderecha gane porque sea fuerte, sino porque la supuesta izquierda ha traicionado sus principios y la oposición tradicional está en ruinas.

La pregunta no es si Movimiento Viva México logrará consolidarse como partido. La pregunta es qué haremos para impedir que su agenda retrógrada nos arrastre décadas atrás. Porque mientras el poder siga siendo un botín y no una responsabilidad, los extremistas seguirán encontrando su oportunidad.

Y lo peor es que les estamos dejando la puerta abierta.

@MaiteAzuela

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Google News

TEMAS RELACIONADOS