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La edición 2026 del Foro Económico Mundial en Davos se convirtió en el escenario del fin de una época en las relaciones internaciones. Las instituciones globales, que de alguna manera proporcionaban gobernanza y estabilidad al juego geopolítico, han colapsado. António Guterres, Secretario General de las Naciones Unidas, lo advirtió con acento doliente en repetidas ocasiones: “están atrofiadas y son ineficaces”.
En estas páginas he citado varias veces a la historiadora norteamericana Barbara W. Tuchman (1912-1989). Las guerras son el resultado de la insensatez de malos gobernantes. “La Marcha de la Locura. La Sinrazón desde Troya hasta Vietnam” (FCE,1984).
Nunca mejor para comprobarlo en estos días, a la vista de los posicionamientos de los jefes de Estado y de gobierno en la 56ª cumbre de negocios en los Alpes suizos.
El texto de Tuchman inicia con el siguiente planteamiento: “en cuestiones de gobierno la humanidad ha mostrado peor desempeño que casi en cualquiera otra actividad humana. En esta esfera, la sabiduría –que podríamos definir como el ejercicio de juicio actuando en base a la experiencia, sentido común e información disponible– ha resultado menos activa y más frustrada de lo que debiera ser. ¿Por qué quienes ocupan altos puestos actúan, tan a menudo, en contra de los dictados de la razón y de autointerés ilustrado? ¿Por qué tan a menudo parece no funcionar el proceso mental inteligente?”
La respuesta, sostiene la autora, está en el mal gobierno. Los tipifica en cuatro especies, a menudo combinadas: 1) tiranía u opresión; 2) ambición excesiva; 3) incompetencia o decadencia; 4) insensatez o perversidad.
Centra su análisis en la insensatez, al ejecutar una política contraria al propio interés de los electores y del propio Estado. Puntualiza: el propio interés es todo lo que conduce al bienestar o ventaja del cuerpo gobernado; la insensatez es una política que en estos términos resulta contraproducente. Y aclara, no está relacionada con un régimen político específico: monarquía, oligarquía o democracia. Demuestra que desde la antigüedad hasta nuestros días, la insensatez de los malos gobiernos ha sido la causa-raíz de las guerras.
Es oportuno apuntar que el “orden” que surgió de la Segunda Guerra mundial, en ocho décadas pasó por varias adecuaciones: bipolarismo y guerra fría EU-URSS (1945-1991); unipolarismo EU (1991-2008); declive del unipolarismo (2008-2024); implosión del sistema (2025-2026). La convergencia de cambios y disrupciones en diversos ámbitos: científico, tecnológico, económico, cultural, social y político, crearon una aglomeración desordenada de crisis.
La gestión de los responsables políticos de las potencias grandes y medianas, globales y regionales, ante el cúmulo de riesgos y oportunidades generadas por esas transformaciones, ha carecido de sabiduría, actúan con insensatez. Hoy la sinrazón tiene la voz de mando.
Así, al comenzar la segunda década del siglo XXI, asistimos a una nueva marcha de la locura, impulsada por la ambición excesiva de las viejas y nuevas potencia en salvaje puja por el rediseño de perímetros de seguridad y zonas exclusivas de influencia. El derecho internacional ha sido derogado de facto y los principios del bien común universal pasaron a ser preocupación de idealistas e ingenuos. La historia enseña en dónde termina todo esto.
Ex embajador de México ante la Santa Sede.
@ lf_bravomena
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