Distinguidos funcionarios, presidentes de muchos comités,
Señores industriales y pequeños contratistas, todos van a lo oscuro
Y oscuro el Sol y la Luna, y el Almanaque de Gotha,
Y la Gaceta de la Bolsa, el Directorio de Directores,
Y frío el sentido y perdido el motivo de la acción.
Y vamos todos con ellos, en el funeral silencioso,
Funeral de nadie, pues no hay nadie a quien enterrar.
Thomas Stearns Eliot
Son días oscuros para el gobierno de Sheinbaum. No por la presión de una oposición famélica, inofensiva y de chocolate, sino por las grietas que comienzan a abrirse dentro de su propio movimiento. La estrategia, que durante semanas pareció cohesionada y eficaz, se ha visto minada por una serie de escándalos, errores de cálculo y traiciones silenciosas que dejan un mal sabor de boca incluso entre sus más cercanos.
Primero, el caso Teuchitlán: lo que pudo haber sido un golpe de autoridad, acabó convertido en símbolo de confusión gubernamental. ¿Centro de entrenamiento? ¿Campo de exterminio? ¿Montaje? ¿Manipulación de la derecha diabólica? El debate se volvió estéril frente a la realidad brutal de un país donde la violencia se multiplica, las masacres se normalizan y las fosas ya ni siquiera sorprenden. En México, lo anormal ya es costumbre.
Luego vino el blindaje vergonzoso a Cuauhtémoc Blanco, una figura cargada de populismo barato y escándalos, cuya defensa ha desgastado a una parte importante del movimiento feminista que había dado a Sheinbaum el beneficio de la duda. La contradicción entre el discurso feminista y la protección política a un presunto violador es una factura que ya se está cobrando.
Mientras tanto, al interior de Morena, la presidenta enfrenta algo más sutil, pero mucho más peligroso: el sabotaje desde dentro. A diferencia de López Obrador, que supo ejercer el poder con mano firme y carisma personal, Sheinbaum se topa con “los rudos” de la 4T —los radicales, los herederos simbólicos del obradorismo, los que aún sienten el cobijo del expresidente— que se brincan su autoridad y hacen lo que les place sin temor a consecuencias. La disciplina interna ha comenzado a erosionarse, y con ella, la credibilidad del nuevo liderazgo.
Sheinbaum busca al enemigo afuera, pero el verdadero enemigo vive dentro. El respaldo que toda jefa de Estado necesita para enfrentar un contexto tan adverso —unidad, lealtad, coherencia— simplemente no está. Algunos dicen apoyarla, pero su retórica hueca y sus actos desmienten sus palabras. Otros simplemente esperan su momento, agazapados, jugando a la lealtad mientras tejen alianzas con el poder real que viene del sexenio pasado.
Y si lo político aprieta, lo económico comienza a asfixiar. Los primeros efectos del retorno de Trump ya son palpables: el crecimiento se estanca, las inversiones se frenan y el ciudadano de a pie empieza a resentir el alza de precios en cada visita al mercado. Desde el Despacho Oval, Trump lanza una nueva amenaza: aranceles del 25% a los autos no fabricados en EU, una sentencia directa a uno de los sectores importantes de nuestra economía.
La pregunta, más inquietante que nunca, es si en medio de esta oscuridad profunda… aún se podrá encontrar la luz.
DE COLOFÓN: Los narcos extraditados fueron el sacrificio que no sirvió. La ofrenda inútil. Pero sí sacudieron el avispero. El problema es que el panal está del otro lado de la frontera.
Ayer, Donald Trump anunció desde el Despacho Oval un golpe directo a la economía mexicana: aranceles del 25% para todos los autos no fabricados en Estados Unidos, a partir del 2 de abril. La medida es un misil contra la columna vertebral de nuestra industria exportadora, y marca el inicio de una era hostil sin disimulo.
Trump, en su estilo provocador, elogió a Claudia Sheinbaum. Pero a estas alturas, suena más a burla que a diplomacia. Lo peor es la sensación de impotencia estratégica. Estamos atados a Estados Unidos por geografía, por comercio, por política… y hoy, también por sumisión. No tenemos palancas, ni fichas, ni aliados. Solo el eco de una cortesía que nunca fue correspondida. Y el silencio de una presidenta que, entre elogios envenenados y amenazas económicas, empieza a entender que el poder no siempre es sinónimo de control.
@LuisCardenasMX