Históricamente, la relación entre las mujeres y el agua ha sido una de cuidado y desequilibrio. Son ellas quienes recolectan, gestionan y defienden el agua, pero también son ellas quienes resienten mayormente las afectaciones de la crisis hídrica y a quienes se les excluye de la toma de decisiones. Por esta razón, el pasado 22 de marzo se conmemoró el Día Mundial del Agua, con énfasis en la relación entre el agua, las mujeres y la igualdad de género.

Las mujeres viven en una inseguridad hídrica constante. De acuerdo con las Naciones Unidas, una de cada cuatro mujeres carece de acceso a servicios de agua potable, mientras que en dos de cada tres hogares las niñas y mujeres son las responsables principales de recolectar el agua. Para cumplir esta labor, dedican tres veces más tiempo que los hombres. Además, la falta de acceso a agua potable afecta de manera diferenciada a las niñas y mujeres, particularmente a las mujeres indígenas o que habitan en áreas rurales.

A pesar de esta estrecha relación, se ha excluido de forma constante a las mujeres de la toma de decisiones sobre el agua, lo que ha generado que no se tomen en cuenta sus necesidades, incluido su rol en los trabajos de cuidados, comunitarios y domésticos.

Nuestro país no es ajeno a esta situación. Esta preocupación fue parte de la nueva Ley General de Aguas, la cual establece la obligación de todas las autoridades de garantizar la participación paritaria y sustantiva de las mujeres en la gestión del agua y en todos los espacios de toma de decisiones. Además, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer ha señalado que, en regiones agrícolas, la participación de mujeres indígenas y el uso de conocimiento tradicional son fundamentales para la gestión de recursos y el combate al cambio climático.

La gestión y la toma de decisiones en el agua son esenciales para garantizar derechos, pues también involucran el derecho a la salud, a la alimentación y al medio ambiente.

Sin embargo, y a pesar de todos los obstáculos, las mujeres juegan un rol esencial en el acceso, cuidado y conservación del agua. Ellas han sido protagonistas en la implementación de acciones a nivel comunitario. Defienden ríos, cuencas, lagos, cenotes y mares. Lideran organizaciones, movimientos y luchas. En términos simples, se han rebelado frente a las desigualdades para proteger el agua y la vida.

Identificar las diferencias que atraviesan a las mujeres y reconocer su trabajo cotidiano en las comunidades, los trabajos, las escuelas y los hogares permite un mejor entendimiento del derecho humano al agua y al saneamiento, pues “donde fluye el agua, crece la igualdad”.

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