Lo diferente, el otro, lo que es desconocido, lo que no conocemos y lo que no entendemos. Esto siempre genera o miedo o rechazo, parece que es parte de una curva de aprendizaje que todos los seres humanos pasamos o tendríamos que pasar, pues muchas veces no es lo que sucede. Por eso se vuelve necesario ayudar a reconocer, entender, respetar y aceptar que también nosotras y nosotros, todas y todos somos diferentes de alguna u otra manera.
Un ejemplo de esto es la neurodivergencia la cual describe a las personas cuyo funcionamiento neurológico es diferente al considerado “típico”. No se trata de una enfermedad en sí, sino de una forma distinta de procesar, pensar, sentir y percibir el mundo, se trata de reconocer la existencia de diversas formas de pensar, sentir y percibir el mundo distintas. No es una enfermedad, pero sí requiere detección oportuna, intervención especializada, se trata de una parte natural de la diversidad humana.
A nivel mundial 1 de cada 100 niños tiene trastorno del espectro autista (TEA), el TDAH afecta entre el 5% y 7% de la población infantil a nivel global y aproximadamente 15% de la población mundial presenta alguna neurodivergencia (incluyendo dislexia, dispraxia, etc.). En México alrededor de 400 mil a 1.5 millones de personas viven con autismo.
No solo por los números, pero es muy importante lograr una detección temprana (preferentemente antes de los 5 años), ya que hacerlo, mejora significativamente habilidades cognitivas, sociales y adaptativas, reduce costos en salud, educación especial y asistencia social a largo plazo.
Y es que se tiene que reconocer que existe una brecha estructural de acceso a especialistas (neurólogos, psiquiatras infantiles, terapeutas), razón por la cual los diagnósticos llegan en promedio entre los 6 y 8 años, lo que trae como consecuencia un mayor rezago escolar y riesgo de exclusión social.
Y todo esto se deriva de que no está plenamente reconocida como prioridad de salubridad general, por lo que es necesario establecer que deberá ser materia de salubridad general la atención integral, diagnóstico temprano y protección de los derechos de las personas neurodivergentes.
La propuesta establecer que se considere como servicio básico de salud la detección temprana, el diagnóstico oportuno y la atención integral de las condiciones de la neurodivergencia, garantizando el acompañamiento
interdisciplinario para asegurar el bienestar, la inclusión y la autonomía de las personas durante todas las etapas de su vida, es decir, reconocer la variabilidad natural en el desarrollo de las funciones neuronales y cognitivas de las personas.
Lo que hoy tenemos son diagnóstico tardíos (frecuentemente después de los 5-7 años), escasez de especialistas en el sistema público, falta de protocolos estandarizados de detección en primer nivel de atención y que bebido a ello, el 70% de las familias paga de su bolsillo terapias con costos pueden ir de 5 mil a 20 mil pesos mensuales, inaccesibles para la mayoría.
Reformar la norma puede hacer que estas deficiencias en la atención sean las menos, y en tanto eso suceda, nuestras diferencias no nos dividirán.

