Lo políticamente correcto cada 8 de marzo se ha convertido en un “reconocimiento” del trabajo y los logros alcanzados, en iluminar edificios, en nombrar a la presente legislatura como “Legislatura de la paridad”, en (algunos actores políticos) entregar flores a las mujeres que colaboran con ellas o ellos, por mencionar solo algunas cosas, pero ¿qué se esconde detrás de estas “acciones”? en el mejor de los casos, un poco o nulo entendimiento de lo que significa tener perspectiva de género y en el peor, una política rancia que dice que hay mujeres que pueden ser violables y otras que no. De ese tamaño es el problema.
Las últimas dos semanas un caso ha puesto en el foco público dos temas importantes pero que finalmente terminan fusionados porque llegan al mismo fin. Por un lado una denuncia de presunta violación, una forma de violencia de género en contra de una mujer, y por el otro, que el presunto violador es diputado y por lo tanto tiene fuero, lo cual impide que, en caso de demostrarse su culpabilidad, pueda ser sancionado. Y al final de esos dos caminos, la impunidad.
Desgraciadamente, para las mujeres, la impunidad es una palabra a la que estamos demasiado acostumbradas. Estudios recientes en México estimaron que más del 70% de 50.5 millones de mujeres y niñas mayores de 15 años han experimentado algún tipo de violencia en sus vidas, de ellas el 11% experimentó violencia en sus hogares. Esto es alarmante, 7 de cada 10 mujeres en México hemos sido violentadas. En casi todos los casos, la impunidad es el resultado final, y eso que los violentadores no cuentan con fuero.
La violencia en contra de las mujeres es una realidad, evitarla y erradicarla pasa no solo por programas y políticas públicas, pasa por una educación que promueva el respeto y busque la igualdad de las mujeres, además de un cambio cultural profundo y comprometido. Parece increíble que existan personajes como Cavazos Lerma que se atrevan a hacer estas aseveraciones, pero al final, después de reflexionarlo, la verdad es que hay cientos, miles de Cavazos Lermas, solo que no son tan cínicos como para declararlo en público y siendo grabado. No, los otros son closeteros, de esos que en corto, ¡claro! que lo dicen, es más, algunos de ellos se rieron y festejaron la ocurrencia, pero en público la condenan. La doble moral a todo lo que da.
El otro lado del caso Cuauhtémoc Blanco es el fuero, ese manto que lo cubre y le da impunidad. El fuero es una figura jurídica que se refiere a la imposibilidad de la autoridad competente para detener o someter a un parlamentario durante el ejercicio de sus funciones, a un proceso penal por la posible comisión de algún delito, salvo en el caso de flagrancia. El objetivo de esta figura es dotar de independencia y libertad necesaria a los legisladores en el ejercicio de sus encargos por sus opiniones y votos emitidos dentro y fuera de los recintos legislativos. Lo anterior garantiza la independencia del Congreso, que podría verse afectada por persecuciones judiciales, arrestos o detenciones de sus miembros en razón de los discursos, exposiciones, mociones, informes y votos emitidos
por éstos.1 Es decir, el fuero está siendo usado para situaciones que NADA tienen que ver con el trabajo legislativo de este personaje. La impunidad, otra vez.
Los problemas en este caso emblemático son varios, vayamos una a la vez. Urge que la clase política de este país tome algún taller de género, que no piensen que por ser padres de familia, esposos y tener madre, son feministas, los estereotipos de género y años de normalización de la violencia de género no son cosas que se quiten en un día u ostentando un cargo público.
Debajo de la alfombra hay Cavazos Lerma, Cuauhtémocs Blanco, Peña Nietos, Vicentes Fox, Jorges Hanh Rhon, Kikos Vega, a los que su conciencia traiciona y nos demuestra que el camino para tener una visión con perspectiva de género, no solo en la clase política, sino en el país, es muy larga aún.