Decía un viejo político italiano que había situaciones que podían ser desesperadas, pero no serias; yo creo que México está en una situación seria, pero no desesperada. Todavía tenemos un amplio margen para corregir antes de vernos en una crisis, pero más vale encarar con más presteza el desafío del crecimiento económico que, por supuesto, está muy por debajo del potencial.

El FMI actualizó sus proyecciones de crecimiento y la perspectiva mundial. Según sus estadísticas, el mundo va a crecer alrededor de 3%. Las economías avanzadas crecerán 1.7% y la que más fuelle tiene sigue siendo la americana; los Estados Unidos crecerán 2.3%. La zona euro tiene un desempeño bastante menor y solo España parece moverse. Vamos a ver si las amenazas de Trump y la crisis política que vive ese país no afectan esa perspectiva que para el año siguiente se ubica en 2.1%. En el mundo en desarrollo las cosas tienen mejor tonalidad y se espera que crezcan 3.8%, siendo la India el país que tiene las mejores cifras, si el año pasado creció al 7.7% este año se espera que lo haga el 6.4% y para alargarnos todavía más los bigotes, se espera que el año próximo crezca 6.7%. La de Modi sí es una transformación en toda la línea y no solo en popularidad del primer ministro. Nuestra región crecerá alrededor de 2.4%, estimulada por la economía de Brasil que crecerá precisamente en esa proporción y México lo hará en 1.2%. Una cifra muy baja no solamente respecto a otros países, sino respecto a otros dos factores que vale la pena considerar.

El primero es el contexto global que ya describíamos y el segundo es que según el gobierno estamos en una situación muy positiva. Recientemente la presidenta presentó 12 indicadores que muestran el buen desempeño de la economía nacional. Entre ellos citaba la inversión extranjera directa, incrementos al salario, bajo desempleo, un comercio exterior vibrante y algunos datos más polémicos sobre inversión y consumo, que son utilizados convenientemente para dar la imagen de fortaleza. A esta situación macroeconómica debe añadirse una favorable secuencia de eventos internacionales, como el acuerdo con Europa y la cercanía con los países de la EFTA, incluida una visita del presidente suizo.

No vuelvo sobre los argumentos estructurales, simplemente recuerdo las enormes capacidades constitucionales del Ejecutivo. El equilibrio del presupuesto no tiene más límites que lo que las calificadoras señalan; la administración pública es instrumento dócil y en muchos casos debilitado. En principio la presidenta tiene los presupuestos que quiere y no tiene más restricciones que su voluntad y la realidad. Por tanto, no funcionan los viejos pretextos de que el Congreso no aprueba las leyes, o el elefante reumático no avanza porque sus normativas internas restringen la velocidad de la actuación gubernamental. Todo eso se acabó y sin embargo el país no crece. Hay quien dice que a lo mejor es esa terrible concentración de poder la que tiene el efecto depresivo sobre la economía, tesis que no está desencaminada.

Cualquiera que sea el diagnóstico, el resultado es evidente. México crece menos de lo que podría. Regreso a mi vieja tesis del sesgo positivo y la comparo con el futbol. Que a Brasil lo eliminaran en octavos de final fue una sensación de fracaso colectivo. Que a México lo eliminaran en octavos de final fue vivido con placidez y la gente sigue todavía maravillada de nuestro desempeño futbolístico. Así son las cosas, es probable entonces que un desempeño económico tan mediocre empiece a parecerle a mucha gente algo no solamente normal, sino digno de aplauso.

Analista.

@leonardocurzio

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