Las líneas generales del Informe presidencial han sido ya expuestas en la comunicación oficial que el mismo Gobierno despliega en todos los medios de comunicación. Veremos si en el discurso presidencial del día primero hay alguna novedad. Sin embargo, no me imagino nada parecido a la autocrítica que en estos años ha desaparecido de la vida pública, aunque sí me ilusiona la idea de que la presidenta pudiera razonar en público cómo piensa desatar cuatro grandes nudos que están condicionando el porvenir de su sexenio.

El primero es el crecimiento económico. Pueden lanzar cohetes y serpentinas, bengalas y tamborazos porque la economía va a crecer 1.5%, pero en el fondo es una cifra mediocre. En los últimos años (bajo los gobiernos de Morena) el crecimiento ha sido todavía menor que en el pasado. Estamos perdiendo la carrera del desarrollo; nuestros vecinos son cada vez más ricos y nosotros nos rezagamos más. Hace falta crecer y ampliar las oportunidades de inversión, que simple y llanamente siguen muy contenidas. El Plan México ha sido ya revisado y está sujeto al avance en el calendario que sugiere que buena parte de las metas más ambiciosas se van haciendo cada vez más difíciles de conseguir.

Ligado a este primer nudo está el tema de las finanzas públicas. Se acabó la leyenda de que reduciendo sueldos y vendiendo aviones iba a haber dinero suficiente para todas las prioridades. Lo de combatir la corrupción creo que no se lo creyó nadie. Pero vendidos aviones y agotados los fideicomisos, así como el empobrecimiento general de la burocracia honesta, el país está llegando a un punto en el que hay que tomar decisiones de ingreso y gasto. Veremos cómo viene el paquete económico del año próximo.

El tercer nudo es más difícil de frasear en un informe presidencial, pero tiene que ver con un balance de la estrategia de seguridad. Claramente este gobierno ha desarrollado un brazo muy eficaz en materia policiaca y el trabajo conjunto de las Fuerzas Armadas con la Secretaría de Seguridad ha dado buen resultado. Los homicidios han disminuido y buena parte de los delitos más lacerantes también, pero el país no se ha pacificado. De poco sirve detener a más de 60 mil sicarios y algún político de oposición, cuando tienes a Fiscalías que no acompañan el esfuerzo por procesar criminales. Tenemos una disfuncionalidad enorme y tarde o temprano el asunto reventará. No puedes estar deteniendo gente y tenerlos en prisión preventiva años sin tener capacidades de instrucción funcionales.

Y el último nudo es el de la relación con los Estados Unidos. Hemos hecho varias veces énfasis en la importancia de la cooperación en materia de seguridad, pero es claro que el Gobierno se sigue resistiendo a la extradición de sus correligionarios, que imagino que finalmente tendrá que ocurrir. Se entiende muy bien que para la presidenta no es un asunto como el de la reina de corazones, que pedía que simplemente les cortaran la cabeza, porque ella sabe que buena parte del sistema político que la sostiene está fundado en millones de pesos manejados en efectivo y una estructura territorial con muchas manchas de origen. El Gobierno federal no es un grupo de Templarios fuertes e invictos que puedan desmontar redes criminales como si se tratara de enemigos del Estado. Claramente cuando el Gobierno se enfrenta al crimen tiene que ir contra sus propios compañeros. Por eso se le ve tan titubeante y selectivo en sus objetivos y eso se entiende cada vez peor del otro lado de la frontera.

Cuatro nudos que se deben desatar.

Analista. @leonardocurzio

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