En tan solo 50 días desde que Trump asumió la presidencia de su país, para la Unión Europea, Estados Unidos dejó de ser un aliado confiable y esto ha empujado hacia su unidad en lo militar.
El plan de rearme aprobado, que da acceso a endeudamiento común busca un nuevo modelo de defensa que les dé a los europeos autonomía estratégica, sin romper con Washington.
Este es, sin duda, un cambio de paradigma mayúsculo al no sentir ese paraguas de seguridad que su aliado les significaba, Europa ha decidido una nueva fase de rearme, que significa mucho más que una inversión de miles de millones de euros para lograrlo. Se trata de su nueva visión geopolítica donde los enemigos como Rusia crecen, los aliados tradicionales como Estados Unidos se achican y el orden internacional ha cambiado. Estados Unidos dice estar en una etapa de transición, Europa entrará no solo en una transformación militar, sino también política, social y económica.
Empero se trata de finos equilibrios, de generar un sólido pilar europeo dentro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pero avanzar a la vez en una autonomía estratégica sin dar motivos a un desplazamiento de seguridad total de Estados Unidos. Esto es, ser un socio y aliado apetecible y conveniente.
¿Si Estados Unidos ya no es defensor de una democracia liberal, este espacio será capaz de llenarlo Europa? Claro, se trata más que de estrategia, de voluntades, de cohesión, de asignación eficiente de recursos y esto empezará por proteger su “propia casa”.
La guerra Ucrania- Rusia comenzó por levantar las alarmas de los planes expansionistas de Putin, y en esta coyuntura Europa no puede seguir confiando en Estados Unidos por su seguridad. Europa no pasa por el mejor momento, pero también es cierto que la relación de déficit fiscal y deuda externa al PIB UE27 es más chico que el de Estados Unidos, por lo que esto ha permitido movilizar recursos. Cada país hace sus ajustes a su manera y posibilidades, por ejemplo, Berlín y Bruselas, emisión de deuda; Paris implementará impuestos y en Londres reducirán o eliminarán partidas a sus presupuestos como “ayudas al desarrollo” para favorecer las partidas de seguridad y defensa. Y desde luego la creación de un fondo común de deuda de 150 mil millones de euros.
La nueva carrera armamentista de Putin y la política internacional imprevisible de Trump y su acercamiento a Rusia, no deja más espacio a Europa que iniciar un agresivo plan de defensa, en aras de salvaguardar sus valores de democracia y libertad.
Para algunos líderes de opinión estamos en una era de lo “absurdo”, el principal defensor del libre comercio y la globalización, hoy está en contradicción con ello. Lo cierto es que el efecto Trump está generando mucha volatilidad en los mercados, guerras comerciales; ajustes geoestratégicos y el “boomerang” está comenzando a hacerse ya presente con sus efectos nocivos en la propia economía estadounidense.
Al final, pareciera un juego de ajedrez donde su líder, el jugador más fuerte, está tratando de redirigir el dinero a su país sin impresión monetaria inflacionaria o mayor endeudamiento, porque este es precisamente el gran problema, donde no solo es el monto, sino los elevados tipos de interés para refinanciarla.
Para Simon Levy la movida en el tablero es provocar caídas bursátiles que busquen forzar la caída de los intereses, que lleven a un mayor desahogo fiscal correspondiente y debilitar el dólar para atraer inversión extranjera que apuntale la producción en Estados Unidos. Esto adosado con la búsqueda de una reducción de costos y “eficiencia” al estilo Musk.
Empero ¿hasta dónde estos movimientos son controlables? Y hasta dónde estas acciones de cortes de personal en áreas estratégicas, por ejemplo, masivos y apresurados, que ya han tenido en casos que ser enmendados, puedan dar sus frutos rápidamente.
Y más aún si los efectos previsibles de inflación, de falta de confianza, menor crecimiento en el corto plazo, compensará estos “beneficios” de largo plazo pretendidos ¿este era el mejor camino? que incluso está redirigiendo a una transformación geopolítica de gran envergadura, y ojalá no de un enfrentamiento bélico fatal. Por lo pronto, el mundo está alerta y el poder militar se vuelve a poner en el “top” de la agenda.
*Catedrática de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México
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