Lejos de la finalización de la guerra Rusia-Ucrania como mucho se había especulado, surge otro nuevo conflicto bélico de Estados Unidos e Israel contra Irán. Han emergido ya reacciones e impactos directos en mercados y sectores, sumándose a la ola de incertidumbre que las tensiones geopolíticas ya habían provocado. Por ahora, se espera que la duración del conflicto no se alargue, pero evidentemente las consecuencias serían mayores si la perspectiva cambiara.

La volatilidad impera en los mercados. Los principales crudos marcadores han superado la barrera de los 100 dólares por barril y el West Texas y Brent han llegado a sus niveles más altos desde 2022. Los indicadores bursátiles han experimentado caídas y el indicador de volatilidad CBOE o VIX (considerado el “medidor del miedo” en Wall Street) ha subido a niveles no vistos en casi un año, temiendo mayores retrocesos en los principales índices accionarios.

Los aumentos en los precios del petróleo y el gas, a su vez, han avivado los temores inflacionarios y de la reducción de recortes a las tasas de interés. Hasta ahora el pronóstico es que los precios de los crudos marcadores podrían alcanzar niveles de 150 dólares por barril, si los barcos petroleros no logran cruzar el estrecho de Ormuz (donde transita una quinta parte del petróleo mundial). Rusia no ha descartado tomarlo y los iraníes amenazan con poner minas marinas. Por lo pronto, el “Grupo de los Siete” se encuentran preparando escenarios para liberar reservas estratégicas “históricas” de crudo, a fin de estabilizar el mercado energético, al menos temporalmente. De la misma manera, Putin está dando salida a parte del crudo que tenía bloqueado por sanciones, permitiéndole así inyectar recursos a su economía.

Si bien el Presidente Trump ha declarado que la “guerra está prácticamente concluida” al haber neutralizado las capacidades bélicas de Irán y ello ha incidido positivamente en bolsas y precios del petróleo, el ambiente es aún confuso e incierto. De hecho, el reciente nombramiento de Mojtaba Jamenei como nuevo líder supremo iraní, es un mensaje inequívoco de que el régimen totalitario busca resistir.

En este entorno, el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte ya de un riesgo inflacionario global, e insta a los países a prepararse para “lo impensable” con políticas sólidas e instituciones fuertes; así como, un crecimiento impulsado por el sector privado. El organismo ha estimado que un aumento de solo 10% en los precios del crudo se traduciría en 40 puntos básicos en la inflación global y una caída de entre 0.1% y 0.2% en el Producto Interno Bruto a nivel mundial. El Banco Mundial instó a los bancos centrales a aumentar sus reservas internacionales y su composición (más oro y menos dólares estadounidenses) para garantizar la liquidez en sus operaciones cambiarias, valorización de activos y contención de egresos, principalmente.

Es evidente que el incremento en los precios del petróleo y gas en aquellos sectores que dependen de estos directamente como insumos o costo de operación, serían los primeros afectados. Podríamos hablar entonces de aerolíneas, navieras y otros medios de transporte de inmediato impacto. Empero también, de otras industrias como: químicos, plásticos, textiles y fertilizantes que teniendo como insumo las energías fósiles, verían sus costos rápidamente afectados al igual que su competitividad. En relación a estos últimos, por ejemplo, siendo el gas el principal insumo en la producción de amoníaco, base de la mayoría de los fertilizantes nitrogenados, como la urea, su precio ya se ha disparado. La crisis de fertilizantes podría conllevar a un desabasto agroalimentario. Particularmente en el caso mexicano donde el fertilizante representa más de una tercera parte en los costos de producción de granos básicos - y aún peor - habiendo menos disponibilidad para importarlo, habría menos siembra porque es precisamente en primavera cuando estos insumos son mayormente utilizados. Luego entonces el precio de bienes agropecuarios también se vería comprometido.

Lo mismo podría decirse de la industria de la construcción e infraestructura, al verse impactados insumos básicos de estas actividades.

Las repercusiones de esta guerra serán globales, y ponen de manifiesto la fragilidad de una u otra nación de acuerdo a su dependencia de combustibles fósiles y transición energética. La decisión de cuándo terminará este conflicto y por ende de cuáles serán sus consecuencias en relación a los costos económicos y humanos, está en manos de Washington.

* Catedrática de la Anáhuac Graduate School of Business de la Facultad de Economía y Negocios en la Universidad Anáhuac México

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