Cerramos 2025 con una buena noticia, la inflación resultó ser la más baja desde 2020. Esto es, el Índice Nacional de Precios al Consumidor registró una variación anual de 3.69%, siendo más reducida que el consenso del mercado.

Sin embargo, existe una pregunta latente, ¿esta tendencia descendente podrá ser mantenida en 2026? Más aún, ¿un análisis más profundo de la inflación nos da datos que deberíamos observar?

En principio, recordemos que el año pasado empezamos con presiones al alza en los precios, hasta llegar a un pico en mayo de 4.42%. Luego una serie de factores transitorios, aunados a una desaceleración económica, nos llevó alcanzar la cifra antes mencionada, muy inferior a 4.21% registrado en 2024 y 4.66% en 2023.

Sin embargo, este proceso de desinflación perderá fuerza. Si se consideran factores como aumentos al IEPS, principalmente en refrescos; el efecto arancelario de las importaciones de los países con los que México no tiene tratado; alza del salario mínimo (13%); repunte estacional en los precios de algunos servicios por el Mundial de Fútbol y la mayor actividad económica prevista, contribuirán a presionar los precios este año.

Por el otro lado, existe una persistencia alcista en la inflación subyacente, principalmente por la resistencia a la baja de algunos precios de los servicios, siendo esta la que refleja la tendencia de mediano plazo. Esta cerró el año pasado en 4.33%, por arriba del objetivo inflacionario y esta es la que refleja la estructura real de la formación de precios en la economía.

Esta situación podría hacer que el Banco de México actualizara sus proyecciones de inflación en 2026 y pausara las bajas en su tasa de referencia. Máxime si existe una joroba inflacionaria prevista en el primer trimestre, donde la subyacente pudiera estar cercana a 5% por el impacto de los incrementos derivados de algunos de los choques ya mencionados: impuestos especiales, tasas de aranceles y costos laborales.

Lo que se deduce de las últimas minutas de la Junta de Gobierno, es que el ciclo bajista en tasas no ha terminado, nada más que con una actuación de más cautela. Así podrían esperarse dos rebajas más, para llevar la tasa de referencia a 6.50% este año.

¿Estamos en una situación, entonces, en qué la política monetaria ha perdido su efectividad? La balanza se inclina a pensar que sí, y que es necesaria, incluso una reversión en ésta. Se considera una condición “necesaria y suficiente” para lograr la convergencia de la inflación subyacente a 3% (Moody’s). Al regresar la tasa de interés real a zona restrictiva, se trata de restablecer la credibilidad de la autoridad monetaria y del mandato que tiene de lograr la estabilidad de precios.

Por ahora la inflación general en México en 2026 podría estimarse de 4.0% y la subyacente, incluso por arriba de esta cifra. Otra vez, por el hecho de no alcanzar la convergencia de precios a 3% en 2026, valdría la pena promover una discusión profunda si un continuado relajamiento monetario, sin lograr la convergencia deseada, compromete el mandato de estabilidad de precios de la autoridad monetaria.

Catedrática de la Anáhuac Graduate School of Business de la Facultad de Economía y Negocios en la Universidad Anáhuac México y consejera independiente

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