En el corazón del Centro Histórico participé, en representación de la Cámara de Diputados, en la conmemoración de la Marcha de la Lealtad. Ahí, donde la historia de México se siente cercana y viva, recordamos que nuestro pasado no es un episodio lejano, sino una responsabilidad que nos alcanza todos los días. Frente a Palacio Nacional, el paso firme del Heroico Colegio Militar nos remitió a aquel 9 de febrero de 1913, cuando los cadetes escoltaron al presidente Francisco I. Madero en uno de los momentos más difíciles de nuestra vida republicana.

A las puertas de la Decena Trágica, cuando la legalidad estaba bajo amenaza, la lealtad no fue discurso: fue convicción y acción. Permanecer del lado del orden constitucional implicó asumir costos y riesgos. Ese ejemplo sigue llamándonos a la responsabilidad.

Por eso afirmo que ser leales a México hoy significa actuar con responsabilidad pública. Es fortalecer el Estado de derecho, consolidar la paz y garantizar que la ley proteja a todas y todos, sin excepciones. Es también asegurar el acceso a la salud, defender nuestras libertades y preservar instituciones que brinden certeza y estabilidad a la vida democrática.

Como Presidenta de la Cámara de Diputados, estoy convencida de que la lealtad a la República exige respetar la división de poderes. El equilibrio institucional no es obstáculo; es garantía. Nuestra Constitución debe ser un acuerdo incluyente, un campo de acción común que represente también a quien piensa distinto. La lealtad no es unanimidad; es compromiso con las reglas democráticas.

En el marco de esa lealtad a la patria, tenemos el reto de lograr congruencia entre lo que dice nuestra Constitución y la realidad que viven las familias mexicanas. Debemos ser un país en donde nuestra Constitución realmente le sirva a la gente, que se traduzca en bienestar tangible y en oportunidades concretas.

Que cumpla en los hechos lo que pregona en la palabra: la protección de la salud; el derecho a la educación; una vivienda digna y adecuada; y el derecho a un trabajo digno y socialmente útil, con la posibilidad real de construir un patrimonio. Sólo así nuestra Constitución dejará de ser una aspiración escrita para convertirse en una experiencia cotidiana de justicia y desarrollo.

El Poder Legislativo tiene una responsabilidad histórica: cuidar el pacto constitucional que nos une. Defender la vigencia de nuestra Ley Fundamental implica proteger la pluralidad, garantizar elecciones íntegras y procesar cualquier reforma con respeto a los contrapesos que sostienen nuestra democracia.

La Marcha de la Lealtad nos recuerda que las instituciones no se sostienen solas; dependen de la ética y la congruencia de quienes las integramos. Reafirmar mi lealtad a México es reafirmar mi compromiso con la unidad, la responsabilidad y el respeto pleno a la Constitución.

Con democracia, división de poderes y soberanía, seguiremos construyendo el país que las y los mexicanos merecen.

Presidenta de la Cámara de Diputados

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