La política monetaria de Estados Unidos se encuentra en una disyuntiva que trasciende los indicadores macroeconómicos. Tras un período de relajamiento, el banco central estadounidense se encuentra en la disyuntiva de continuar con recortes, pausar el ciclo o, en un escenario más adverso, retomar el sesgo restrictivo, en un entorno donde la inflación sigue por encima de su objetivo y converge con un mercado laboral relativamente estable, crecimiento que resiste y los riesgos de oferta han vuelto a tomar fuerza vía tensiones geopolíticas. El problema no es la falta de datos, sino que los datos apuntan en direcciones opuestas. En este contexto, la próxima reunión del FOMC el 28 y 29 de julio pondrá a prueba la capacidad de la institución para navegar entre señales contradictorias, con implicaciones directas para México y el margen de maniobra de Banxico.

En su reporte de política monetaria de julio de 2026, la Fed reconoció que la inflación ha aumentado este año y permanece por encima de su meta de 2%; al mismo tiempo, la institución señaló que la actividad económica continúa expandiéndose a un ritmo sólido y que el mercado laboral sigue mostrando fortaleza. Ese equilibrio aparente es precisamente el que complica la decisión: una economía que no se debilita con claridad reduce la urgencia de recortar tasas, mientras que una inflación que no termina de converger limita el espacio para flexibilizar más rápido.

El conflicto con Irán constituye la variable más disruptiva en este escenario. Tras el fracaso del cese al fuego de junio, la escalada militar en el Estrecho de Ormuz ha reducido el tráfico marítimo a mínimos de varios meses y elevado el riesgo de que el Brent alcance los 90 o 100 dólares por barril.

A esta presión energética se suma la incertidumbre arancelaria: la imposición de nuevos aranceles de 50% sobre una amplia gama de productos canadienses reaviva la incertidumbre sobre el comercio en América del Norte y eleva el riesgo de presiones inflacionarias adicionales por el lado de los costos. En paralelo, se retomaron conversaciones comerciales en el marco del T-MEC, lo que confirma que este frente vuelve a ser una variable de riesgo relevante para la inflación, las cadenas de suministro y la inversión regional.

Paradójicamente, esta situación ha llevado a que las importaciones estadounidenses alcancen máximos históricos este mes ante la urgencia de las empresas por adelantar inventarios antes de un posible endurecimiento. Con el petróleo caro y las barreras comerciales cambiando al paralelo, la Fed tiene que preguntarse si la baja de la inflación en junio podría verse revertida por presiones que apenas están surgiendo.

Cabe recordar que la Fed ejecutó recortes sucesivos en 2025: la pausa en los recortes en el 2026 coincide con el repunte de los precios de la gasolina y la energía registrado desde marzo de 2026. Esta escalada amenaza con revertir la tendencia descendente de la inflación general que venía consolidándose desde mediados de 2025, trayendo a la discusión la posibilidad de incrementar la tasa en lugar de seguirla reduciendo.

La discusión interna dentro de la Fed también se ha endurecido. Varios funcionarios han dejado abierta la posibilidad de que, si la inflación no da señales consistentes de moderación, la institución no descarta un ajuste al alza más adelante. El mensaje es relevante porque marca un cambio en el balance de riesgos: hace un año la preocupación dominante era evitar un debilitamiento excesivo del empleo; ahora, varios integrantes del comité consideran que la inflación representa una amenaza mayor que el mercado laboral; ante ello, la Fed parece estar optando por una estrategia de espera vigilante: conservar la tasa sin cambios mientras evalúa si el repunte inflacionario es transitorio.

Para México, el impacto potencial es claro. Banxico no opera de manera aislada, sino en un contexto de alta sensibilidad al diferencial de tasas con Estados Unidos, al comportamiento del tipo de cambio y a las expectativas de inflación. Si la Fed prolonga una pausa o adopta un tono más restrictivo, el margen para que Banxico acelere recortes se estrecha, porque una reducción demasiado agresiva podría presionar al peso o afectar las expectativas de estabilidad financiera; en contraste, si la Fed retomara recortes con mayor claridad, Banxico tendría más espacio para relajar su postura. La señal más reciente disponible en México muestra una inflación a la baja (3.37% en junio) y un tipo de cambio alrededor de 17.40 pesos por dólar, lo que sugiere que el entorno doméstico continúa siendo prudente y dependiente del contexto externo.

En suma, la Fed se encuentra entre dos riesgos simultáneos: recortar demasiado pronto y reavivar la inflación, o mantener una postura restrictiva por más tiempo y prolongar condiciones financieras que enfríen el crecimiento. Para Banxico, la lección es clara: su propia ruta monetaria dependerá no solo de la inflación local, sino también de cuánto tiempo la Fed decida permanecer en modo de espera y de cuánto se mantenga la presión comercial y financiera sobre la región.

*Presidente de Consultores Internacionales, S.C.

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Cargando comentarios...