México inicia la segunda mitad de 2026 con señales que trascienden un indicador aislado: la actividad económica retoma dinamismo (apoyada por el efecto del mundial de futbol), el mercado laboral conserva capacidad de expansión (aunque sin reducir la informalidad laboral) y el frente externo sigue a la cabeza. El panorama sugiere una economía con mayores soportes que en meses previos y con bases genuinas para un optimismo prudente o más bien cauteloso. Sin embargo, el verdadero avance no consiste en recuperar dinamismo temporalmente, sino en convertirlo en una trayectoria persistente de crecimiento.
Según la Estimación Oportuna del Inegi, el PIB creció 1.5% trimestral y 2.1% anual entre abril y junio, revirtiendo la contracción de 0.6% del trimestre previo. La mejora fue relevante por su amplitud: las actividades primarias avanzaron 3.3%, las secundarias 1.6% y las terciarias 1.5%, una sincronía que no se observaba desde 2021 y que llega tras una desaceleración sostenida desde 2022. Buena parte de ese impulso provino del Mundial que, según un estudio de Deloitte, generó una derrama estimada en 2,543 millones de dólares (0.12% del PIB) una revisión a la baja de 7% respecto a la estimación previa y 101,255 empleos temporales, 10% menos de lo calculado antes del torneo. El Indicador Oportuno del IGAE confirma la tendencia para junio: un crecimiento de 1.7% anual, con las actividades terciarias avanzando 2.2% y las secundarias 0.5%. No es casualidad que esta sincronía mejore las expectativas, pero aún debe probar que puede sostenerse cuando disminuya el efecto de rebote.
La industria como factor merece especial atención porque durante la última década ha oscilado entre impulsos breves y estancamientos prolongados. El repunte actual incorpora una recuperación más equilibrada, pero coexiste con una debilidad que la producción industrial arrastra estructuralmente desde 2019 y que la confianza empresarial confirma. Según los Indicadores de Confianza Empresarial del Inegi, en julio de 2026 mostró un nivel por debajo del umbral de 50 puntos que separa el optimismo del pesimismo (una zona en la que llevan 17 meses consecutivos). En la práctica, el componente sobre el "momento adecuado para invertir" sigue siendo el más rezagado en los cuatro sectores evaluados, con la construcción registrando apenas 23.8 puntos. Los datos de inversión fija bruta, publicados el 5 de agosto por el Inegi, confirman esa tensión: tras un repunte de 4.1% en abril, el indicador volvió a moderarse y en mayo creció apenas 1.1% anual, con la inversión pública avanzando 19.7% mientras la privada retrocedió 1.3%. Es de destacar que el gasto público no logra compensar la cautela del capital privado.
El consumo privado añade un matiz relevante a la lectura del trimestre. Según el Inegi, en mayo creció apenas 0.1% mensual y 2.6% anual, mientras que el indicador oportuno para junio anticipa un avance similar, lo que sugiere que el Mundial dinamizó los servicios, pero no transformó el patrón de gasto de los hogares. Muestra de ello es la caída de 2.7% de las ventas de supermercados y las de tiendas departamentales en 3.7% durante junio, según la ANTAD, mientras las tiendas de conveniencia vinculadas al consumo durante los partidos crecieron 3.1%. La Secretaría de Turismo reporta una derrama turística de 42,276 millones de pesos entre el 8 de junio y el 19 de julio, con 130,900 empleos directos en las ciudades sede y ocupación hotelera promedio de 66% (picos de 90% en días de partido). En suma, el Mundial funcionó más como un impulso coyuntural focalizado que como un motor de consumo generalizado.
El sector externo ofrece quizá el principal detonante del resultado trimestral. Si bien parte del dinamismo exportador podría responder a un adelanto de compras previo a la entrada en vigor de nuevos aranceles. Tras acumular déficits persistentes desde 2022, México registró en el primer semestre de 2026 un superávit comercial de 9,857 millones de dólares, con exportaciones de 389,723 millones (un crecimiento anual de 24.6%, según el Inegi). Las manufacturas no automotrices lideraron con un avance de 48.8% en junio, impulsadas por la demanda estadounidense de servidores e infraestructura para inteligencia artificial. El giro respecto al déficit de 18,540 millones de 2024 confirma que la integración regional sigue ofreciendo margen para expandir capacidades nacionales. Pero esa oportunidad exige una política deliberadamente orientada a incorporar más proveedores locales, contenido tecnológico y capital humano.
La respuesta a la pregunta inicial no es otro Mundial, sino la disciplina para sostener lo que el Mundial solo alcanzó a insinuar. El riesgo no es que México no pueda crecer, sino que confunda un rebote apoyado en un evento irrepetible con el inicio de una recuperación estructural: el FMI estima apenas 1.2% para 2026 —por debajo de 2.4% de América Latina y de 3.0% mundial— y la confianza empresarial lleva ya 17 meses en terreno pesimista. El verdadero examen no era el Mundial; es lo que México haga cuando el rebote se apague.
*Presidente de Consultores Internacionales, S.C.
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