De verdad entiendo la presión brutal que la Presidenta debe sentir todos los días por tener a su lado a un empleado ultra en Palacio Nacional. No es un asunto de género, es un asunto político. Imagine aguantar diario a un dogmático que siempre pulula a tan solo unos cuantos pasos de la oficina presidencial. ¡Uf! Qué pesado tener que despachar al menos un par de veces por jornada (no, no es alusión, pero sí) con una especie de inquisidor que no sólo zarandea los hechos que consumirás, sino que fiscaliza lo que dirás, lo que harás, y hasta lo que eres, porque se siente ungido con la potestad de determinar si eres leal o no a su movimiento, al movimiento de Él, del Creador que lo ha dejado ahí, en los pasillos palaciegos, en calidad de representante, exégeta y verdugo.

Piénselo, lectora-lector: de verdad que no debe ser fácil lidiar con quien filtra la información que te llega, la distorsiona, la descontextualiza, omite datos y apostillas, y te sirve en tu escritorio una bandeja envenenada que tarde o temprano te hará perder la cabeza fría que tanto apreciabas en ti y los demás valoraban al escucharte.

Ese es el asunto, la cabeza fría de Claudia Sheinbaum. La Presidenta fue elogiada por propios y extraños debido a la asombrosa serenidad que demostró durante casi todo su primer año de gobierno. No importaba lo que ocurriera, casi siempre se mostraba ecuánime y exhibía una templanza envidiable en un país pletórico de políticos iracundos y explosivos (Fox, Calderón, Peña Nieto y AMLO).

¿Qué pasó? ¿Por qué de pronto descalificó todo lo que disentía de su visión política? No es complicado dilucidar: el azuzador palaciego se impuso. Tomemos la llamada “marcha de la generación zeta”. ¿Por qué desprestigiar al que ose disentir? ¿Por qué el dogma por encima de las convicciones democráticas que deben garantizar la dignidad de quienes piensan distinto, de los opositores?

¿Es verdad que en esa marcha los menos eran jóvenes que pertenecen al grupo etario zeta? Sí, según las fotos de todos los medios. ¿Los más eran opositores activistas? Sí. ¿Y? ¿Qué acaso, ellos y ellas no tenían derecho a protestar por sus condiciones de vida que implican en muchos casos inseguridad laboral, social, emocional y hasta violencia letal? ¿No es válido ser anti 4T? ¿No es válido ser de derechas? ¿No es válido ser opositor? ¿No es válido disentir de los cambios institucionales que ha generado Morena? ¿No es válido exigir seguridad a los gobiernos de Morena que no la brindan en municipios y estados?

Creo que no deberían prevalecer en un movimiento que ya es gobierno y casi tentáculo de Estado los espíritus autoritarios y excluyentes. El 30% que no está de acuerdo con la Presidenta y con su gobierno tiene derecho a existir y a protestar y a manifestarse y a mentar madres contra el poder. ¿O ya se olvidaron de que hacían lo mismo contra el priismo y el panismo?

Sería muy saludable que desde ahora y en los próximos cinco años políticos que se nos vienen la Presidenta fuera la estadista que estaba siendo hasta hace semanas y no la camarada del señor ultra que trabaja ahí cerquita de ella espoleándola un día sí y otro también para que se parezca al duro Gerardo Fernández Noroña que tuvo la vileza de decir que la alcaldesa de Uruapan había sucumbido a la ambición de poseer un talante de derecha fascista con tal de ser gobernadora de Michoacán. ¿Qué clase de insensibilidad hay que tener para tratar a una mujer así luego de que enviuda y tiene lo arrestos de retomar la lucha contra el crimen organizado que encabezaba su marido, con todos los riesgos que eso conlleva para ella y sus hijos?

Ojalá la Presidenta no se noroñice nunca y deseche rápido la tentación de mente dura. En política hay una abismal diferencia entre gobernar con firmeza y hacerlo con dureza. Es la diferencia entre ser demócrata y ser antidemocrática. Yo quisiera tener en Palacio Nacional a la Claudia Sheinbaum que elegantemente le puso un alto a Noroña por haber atacado despiadadamente a Grecia Quiroz y no a la compañera presidenta que no le puso un #SeAcabó al Taibo que arremetió contra las mujeres frente a ella misma, en calidad de un Luis Rubiales cualquiera.

Veremos…

Bajo Fondo

Cómo se tardaron en tumbar a Alejandro Gertz Manero.

Sí, ese es el término correcto en política seca.

¿Quién va a ser ahora la guapa o el guapo que haga el recuento de daños?

Y bueno, ojalá ahora no tengamos lo que tanto criticaron los morenistas en otros gobiernos, una fiscal carnala que anteponga el dogma a la procuración de justicia que tanto requiere este país.

Ojalá.

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