Siempre que Estados Unidos interviene en los asuntos de otras naciones lo hace autonombrarse defensor de la democracia, a esto se suma, ahora, el combate contra el crimen organizado. Nadie se opondría a ello, pero la realidad de su intervención es otra: el control político y económico de las naciones. No se puede olvidar que en el siglo XX solapó a las peores dictaduras de América Latina: Augusto Pinochet en Chile, Jorge Rafael Videla en Argentina, Fulgencio Batista en Cuba, la familia Somoza en Nicaragua, Rafael Leónidas Trujillo en República Dominicana y súmesele.
En México la intervención norteamericana tuvo como resultado el asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez. El gobierno de EE. UU., a través de su embajador Henry Lane Wilson, negoció y firmó el “Pacto de la Embajada” donde se desconocía al gobierno de Madero y se apoyaba la formación de un gobierno provisional encabezado por Victoriano Huerta. El resultado fue la traición a la soberanía, el golpe de Estado al primer gobierno democrático en México y una cruenta Revolución donde de nueva cuenta EE. UU. intervino mediante el envío y la venta de armas que nutrían a los distintos grupos revolucionarios.
El pasado nunca está muerto, nos enseña y pone alertas de las consecuencias de abrirle las puertas a los norteamericanos. Ellos usan a los proyanquis de cada nación y después los desechan, sino pregúntesele a María Corina Machado que de nada le sirvió otorgarle, como símbolo de adoración, su premio Nobel a Donald Trump, el tirano norteamericano la desechó y minimizó. El resultado: el control absoluto, por parte de EE.UU., de los recursos naturales, en específico el petróleo para el beneficio de su nación y no de los venezolanos.
En nuestro país la oposición ha encontrado en las intenciones norteamericanas, de un nuevo expansionismo e imperialismo, la única manera de retornar al poder. Por eso aplauden todas las locuras del presidente norteamericano. Acuden a aquella nación implorando ayuda. Todos aluden a la presencia del crimen organizado en la política sin aclarar la existencia de tal relación, que de existir debe de ser juzgada y sentencia por la ley mexicana sin importar de quien se trate lo mismo sea Felipe Calderón o algún gobernador de Morena, tan es así que el gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum ha detenido a funcionarios ligados al crimen organizado mediante la “operación enjambre en Morelos”.
En EE.UU. se dice un nombre y de inmediato la oposición y los medios afines a ellos repiten sin exigir pruebas. Es como si existiera un convenió o un nuevo “Pacto de la Embajada” para que fuerzas afines a los norteamericanos lleguen al poder. Por eso no es menor que una gobernadora abra la puerta a agentes de la CIA y se quiera victimizar siendo que ella no solo violó la Constitución sino que pisoteó nuestra historia.
Sería momento que el Gobierno de México investigara quiénes son las empresas y las personas que se encuentran detrás de la venta y el tráfico ilegal de armas a través de la frontera. Que se dijeran los nombres y se pidiera su extradición para ser juzgados en nuestro país. Si Estados Unidos estuviera comprometido con erradicar al crimen organizado ya hubieran actuado para impedir que las armas crucen a México, pero eso no sucederá. El único interés de Donald Trump es imponer un nuevo imperialismo que fracasará en noviembre cuando sea vapuleado en las elecciones intermedias y entonces la oposición tendrá que buscar un nuevo discurso que le permita sobrevivir en 2027.
Hasta aquí Monstruos y Máscaras…
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