Te voy extrañar, y muchos más también.
Gracias querida Isabel por tu valentía, por nunca rendirte ni doblegarte en tu búsqueda y exigencia de justicia.
Tu partida fue justamente este 8 de marzo, día en que tantas luchas inconclusas nos convocan a no rendirnos. ¡Y no nos rendiremos!
Gracias por tu lucha incansable y cotidiana para que el secuestro y asesinato de tu hijo Hugo, no quedara ni en el olvido ni en la impunidad.
Gracias por tu coraje, porque fuiste tu quien logró investigar lo que a las autoridades correspondía. Enfrentando riesgos inimaginables y amenazas de algunos que se suponía debiesen haber estado del lado de la justicia y no de los victimarios.
Gracias por aceptar una candidatura en la que trabajaste con amor y compromiso ejemplar.
Gracias por haber abrazado no solo tu causa, sino la del sufrimiento de quienes son privados de su libertad. El cobarde asesinato de tu hijo no te dejó atrapada en tu dolor, sino que decidiste ir al encuentro de los otros y reportar consistente y seriamente el número de personas víctimas de secuestro en nuestro país.
Gracias por enseñarnos tu fortaleza extraordinaria para resistir los embates de poderosos que eligieron atacarte un día y otro también. Que desde su coto de poder utilizaron todo lo que estaba a su alcance para difamarte y frente a ellos, tu determinación y exigencia de justicia superó cualquier miedo y amenaza.
Gracias por tu entrañable amistad y tu abrazo siempre oportuno y solidario. Por siempre estar tan presente.
Gracias por ser una defensora a ultranza de los derechos humanos. Al recibir el Premio de los Derechos Humanos en el año 2010 hizo este llamado:
“Necesitamos un lugar en dónde se muestre la indignación que sentimos los mexicanos ante estos cobardes delitos. Necesitamos un lugar que nos permita recordar a donde no queremos llegar como sociedad, y que nos permita tener presente, a diario, que tenemos mucho que cambiar”.
Gracias por dedicar gran parte de tu vida a aliviar el dolor de muchos más y a denunciar injusticias y atropellos.
Querida Isabel, agradezco a Dios tu luminosa vida y tu hermandad. Agradezco todo tu legado y la inspiración de una vida excepcional como la tuya. Cumpliste a cabalidad.
Ahora estarás ya abrazando a tu hijo y gozando de su amor y compañía. Aquí ya nos haces falta pero te quedas para siempre entre nosotros.
¡Hasta siempre querida Isabel!