El 10 de febrero, en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) se realizó, con la presencia del rector, un homenaje a la labor de promoción cultural de Gerardo Estada. Lo siguiente es algo de lo que dije:

La Universidad es una institución en-cargada de la docencia en las más diversas diciplinas, tiene una vocación profesionalizante, realiza investigación en los más disímiles campos, pero la difusión de la cultura, la recreación de las artes es lo que la convierte en una auténtica universidad.

Y eso lo sabe y lo ejerció con pasión y conocimiento Gerardo Estrada. Quienes pasan por sus aulas o recorren sus pasillos deben entrar en contacto con autores, obras, representaciones, conciertos, películas, festivales de danza, capaces de expandirles el campo de visión, afinarles su sensibilidad, embarnecer su comprensión de la complejidad y los prodigios de la vida.

Y desde la Dirección Cultural de la UNAM, en dos periodos distintos, Gerardo Estrada impulsó, multiplicó y refinó esas actividades. Comprendió que los jóvenes universitarios (y no solo ellos) debían nutrirse de lo mejor de las artes y las manifestaciones culturales, máxime que un buen número de ellos no tenían ni tienen el hábito de asistir a esos espacios. Tender puentes para ello, intentar hacer una práctica recurrente la asistencia a un cine club o a un concierto en la Sala Nezahualcóyotl, era y es una tarea nada despreciable de la Universidad.

Y creo no equivocarme si apunto que fue el masivo y antiautoritario movimiento estudiantil de 1968 el que dejó su impronta en Gerardo, ya que aquellas movilizaciones fueron el acicate y el laboratorio de cambios culturales en el sentido más amplio de la palabra.

Una nueva sensibilidad expresó aquel potente movimiento: se revelaba contra el verticalismo político, escolar y familiar, deseaba ampliar los márgenes de libertad, impactó para bien las relaciones de pareja, haciéndolas más equilibradas, impulsó la participación en los asuntos públicos, y quería que los mexicanos fuéramos, como se dijo, “contemporáneos del mundo”. Y el plano cultural fue precisamente donde esa apertura a otras experiencias, otros lenguajes y otras sensibilidades, podía realizarse de manera natural y productiva.

Gerardo ha sido además director general de Radio Educación, de la Casa de México en París, del Instituto Nacional de Bellas Artes, encargado de los asuntos culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores y coordinador ejecutivo del Auditorio Nacional. Todas ellas responsabilidades ligadas a las artes y la cultura.

Vivimos en el país tiempos aciagos para la cultura y no se diga para la política. Por eso reconocer el trabajo de un decidido promotor cultural no es un protocolo más, sino el recordatorio de que en ese campo mucho y bueno puede producirse en el país. Y que para ello se requieren políticas que apoyen las muy diversas actividades que enriquecen nuestras vidas. Las manifestaciones culturales y artísticas acompañan con su aura la vida toda y si las primeras se multiplican y diversifican hacen más interesante y profunda la segunda. Y no se diga tratándose de la política. Sin el acompañamiento cultural el quehacer político tiende a secarse, a volverse unidimensional, autorreferente.

Gracias por ello, estimado Gerardo. No se trata de un reconocimiento ritual, sino de afirmar contigo que la vida en nuestro país puede ser mejor si se apuntalan las actividades culturales y si éstas se expanden y multiplican.

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