México vuelve a hacer historia, por tercera ocasión inaugura una Copa Mundial de Fútbol, único país que puede presumir tal privilegio. El mundo volverá a mirar al Estadio Azteca —¿lo nombraremos Banorte?—, escenario de memorables páginas del deporte. Sin embargo, en esta gran fiesta internacional en que México vuelve a presentarse ante el mundo, la ausencia de la anfitriona de la nación, la presidenta Claudia Sheinbaum, será una decisión desconcertante y políticamente difícil de justificar.

Al escribir estas líneas, todavía me asaltan algunas dudas relacionadas al arribo de miles de visitantes. ¿Funcionó la logística aeroportuaria? ¿Pudieron trasladarse con facilidad a sus hoteles? ¿Se mantuvieron libres las principales vías de acceso? ¿Logró la capital ofrecer la imagen de orden y hospitalidad que exige una vitrina de esta magnitud? Las preguntas no son menores, porque la inauguración del Mundial coincide con uno de los momentos de mayor tensión social que ha vivido la Ciudad de México en los últimos años. Desde hace semanas miles de maestros mantienen movilizaciones, plantones y bloqueos. Para muchos observantes, la protesta parece concentrarse en las desproporcionadas exigencias salariales. Pero el fondo del asunto es mucho más profundo, los docentes reclaman la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, reforma que sustituyó al antiguo sistema solidario de pensiones, por uno basado en cuentas individuales administradas por Afores. Los maestros sostienen que dicho cambio les arrebató la certeza de una jubilación garantizada por el Estado y los dejó sujetos a los rendimientos acumulados durante toda una vida laboral. Quieren regresar a un esquema similar al que existía antes de la reforma. En esencia, buscan recuperar derechos que consideran perdidos. Es cierto que cualquier gobierno debe preguntarse si un regreso completo al sistema anterior sería financieramente viable. Pero también es cierto que durante años la izquierda acompañó esa bandera y que, durante la campaña presidencial de Sheinbaum se generaron entre amplios sectores del magisterio, expectativas de que la Ley del ISSSTE de 2007 formaba parte del horizonte de cambios que impulsaría el nuevo gobierno. Hoy, desde el gobierno, la Presidenta enfrenta una realidad distinta en que las limitaciones presupuestales chocan con las promesas y las expectativas chocan con los números. Esa contradicción explica buena parte de la inconformidad que hoy vemos en las calles.

Y mientras el balón comienza a rodar, el país exhibe una paradoja imposible de ignorar. México puede organizar una Copa del Mundo, recibir a millones de visitantes y proyectar una imagen de modernidad ante el planeta, pero al mismo tiempo sigue enfrentando problemas que no encuentran solución definitiva. Las protestas magisteriales ahí continúan, junto con movilizaciones de agricultores inconformes con los apoyos al campo, de transportistas preocupados por la inseguridad en carreteras, de padres de los de Ayotzinapa, de madres buscadoras exigiendo respuestas para sus desaparecidos, de pensionados, de trabajadores de la salud y de otros colectivos sociales.

El Universal Responde

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El Mundial que hoy comienza es mucho más que una competencia deportiva, es un escaparate que mostrará al mundo nuestras fortalezas y también nuestras fragilidades. Los goles pasarán, los campeones pasarán, las ceremonias pasarán, lo que permanecerá, cuando se apaguen las luces del estadio y las multitudes regresen a casa, será el México real.

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