La economía mexicana decreció 0.2% con respecto al año anterior y 0.3% frente al segundo trimestre del año (INEGI, 2025). Con este sumamos ya 11 trimestres seguidos de crecimiento trimestral prácticamente nulo. El anual, a veces ligeramente arriba, esta vez abajo, pero también tendiendo a 0%. ¿Se trata de algo meramente coyuntural o estamos frente a un problema estructural?
Al echar un vistazo a la historia de nuestro país, los datos muestran que el (mal) desempeño de la economía mexicana no siempre fue así. En la década de los 60, la economía mexicana creció 6.2% promedio anual (Banco de México, 2020). La inflación se mantenía estable y los salarios reales mejoraban cada año. El crecimiento económico se mantuvo muy por encima del poblacional (Ortiz Mena, 1970). La productividad laboral crecía a tasas que no se han vuelto a ver. Y un mayor gasto –con un propósito claro– en educación terminó por fundar lo que hoy conocemos como clase media mexicana. Uno de sus grandes arquitectos llamó a este periodo el Desarrollo Estabilizador.
Don Antonio Ortiz Mena, Secretario de Hacienda de 1958 a 1970, compartió algunos de los grandes aprendizajes de aquel tiempo en “El Desarrollo Estabilizador: reflexiones sobre una época”. Carlos Sales, una de las grandes mentes que hicieron posible este libro, recordó tres lecciones del periodo que hoy están más vigentes que nunca y que explican buena parte de la situación actual de México.
Primero, visión de Estado. México no empieza ni termina donde lo marcan las fronteras físicas. Somos parte de un sistema global y, como tal, lo que pasa en el mundo impacta la realidad mexicana. La edificación de un proyecto-nación sólido implica entender el momento presente. El paradigma económico no puede concebirse de forma aislada: debe mantener congruencia tanto con la política exterior como con la interior, distintas e indispensables por igual.
Luego, respeto y práctica de la técnica y del análisis. No es ningún secreto que la riqueza de cualquier organización está en su capital humano. Y para una adecuada toma de decisiones, nada como el análisis. Para poder evaluar resultados, es necesario hacer una lectura crítica de los hechos, de los datos, de la realidad. Todo está en las personas.
Finalmente, capacidad de conciliar. Algo que obliga a ir mucho más allá del célebre divide et impera. Es el reto de la gobernanza per se. La destreza de sumar voluntades y articular intereses distintos para construir acuerdos. Quizá el activo más importante de cualquier gobierno.
El actual estancamiento de la economía mexicana es, claramente, un problema estructural. Revisar el mayor caso de éxito en la historia económica moderna de México no es para volver ni, mucho menos, para culpar a lo que se hizo hace más de medio siglo. La reflexión es para aprender del pasado. El crecimiento económico no es una obsesión ni un fin en sí mismo: hoy es la variable receptora del ajuste, el indicador del problema estructural. La lección no es volver al pasado, sino afrontar el presente para cambiar el rumbo.
@JosePabloVinasM

