Recesión’ es uno de los tantos conceptos que generan debate entre economistas. A grosso modo, podemos decir que una recesión ocurre cuando la actividad económica se estanca y decrece por más de unos meses. Las discrepancias empiezan en las variables cuya caída se analiza, casi siempre, en tres dimensiones: magnitud, extensión y duración (NBER, 2025). No existe una única definición, la aceptación de una u otra dependerá del track record que tengan identificando la etapa del ciclo en la que esté una economía. Al revisar estas definiciones, cada una añade un poco a la certeza de que México ya navega en una recesión.

Primero, los datos económicos del cierre de 2024 muestran claramente que la economía mexicana está estancada. El crecimiento anual fue del 1.2%, menor a lo que se había estimado y al del año anterior. Cayeron el consumo (0.8%), la inversión (4%) y el PIB trimestral (0.6%). La Inversión Extranjera Directa se ha mantenido por reinversión, no por nuevas inversiones. El estancamiento en la producción pone a México en una inercia contraria al crecimiento poblacional: el PIB per cápita de 2024 es incluso menor que el de 2018. Esto es, con el ritmo de crecimiento de la población, el ingreso por habitante prácticamente no creció entre 2018 y 2024.

A los resultados económicos del año pasado, se suma el mar de incertidumbre que ya navega América del Norte. Una tormenta de iliberalismo desde Washington. Inicialmente diferentes y hasta opuestas, poco o nada han importado las respuestas de los gobiernos de Canadá y México. La Casa Blanca está jugando una estrategia perdón-castigo: impone aranceles, consigue lo que quiere, los suspende temporalmente… y repite. Esta tensión comercial ocasionará que el crecimiento de la región sea cada vez menor. Con la imposición de aranceles, la economía de Estados Unidos también caerá, aunque el impacto será mucho más severo para México y Canadá, según las perspectivas de la OCDE. En este contexto, la economía mexicana caerá 1.3% en 2025 y 0.6% en 2026 (OCDE, 2025), una recesión evidente.

Habiendo dicho esto, resulta imposible ignorar lo que hay detrás de la última decisión de política monetaria de Banxico. Aunque cada vez más lento, la inflación está convergiendo al objetivo. El recorte a la tasa se veía venir, la magnitud de este era lo que generaba discusión. Por un lado, estaba una postura más mesurada (-25 pbs) ante la incertidumbre económica, principalmente comercial. Por otro, la que buscaba contrarrestar la debilidad económica mostrada en los datos con un recorte mayor (-50 pbs). A diferencia de ocasiones anteriores, en esta destaca la unanimidad en la decisión de la Junta de Gobierno. Muestra de que la inflación ya no es su principal preocupación o, quizá, la certeza de que México ya está en recesión.

La desaceleración económica apunta a que los principales componentes del crecimiento seguirán cayendo. Estamos por ver si el Plan México tiene o no la capacidad de suplir estas caídas. Otra pieza se moverá en el tablero de juego de la Casa Blanca el 2 de abril. Frente a la incertidumbre comercial, económica y hasta jurídica será importante no ignorar las altas probabilidades de que México ya esté en recesión.

@JosePabloVinasM

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