Cualquier gobierno tiene múltiples responsabilidades. De una parte, atender los numerosos problemas que se presentan día a día, lo urgente; en paralelo, responder los asuntos de fondo, al desarrollo de la sociedad. No se trata de optar por alguno de los dos. Además, es necesario que las medidas que se pongan en operación vayan a la raíz de las cuestiones, que resuelvan aquello que las origina y que no sean paliativos temporales. En ocasiones, la materia tiene una doble condición: el apremio y la trascendencia. Ejemplifico el punto con la pobreza.
Se trata de una materia que reúne las dos características. Por ello, su abordaje tiene la característica de ser urgente, pero también esencial. Es un caso de siempre en nuestra sociedad y, por tanto, un desafío que reclama presteza. La transferencia de apoyos monetarios ayuda, pero debiera ser solo una medida temporal; atiende el apuro, pero no lo resuelve en definitiva. En cuanto se suspendan las ayudas, la pobreza regresará y su magnitud probablemente será mayor. Salud y educación de calidad y empleo completo, deben ser parte de la respuesta.
En México estamos atrapados en lo urgente y dejamos de atender lo fundamental. Esto no es nuevo y la razón es que nos han faltado tres cosas: en primer término y durante toda nuestra vida independiente, la visión de nación en el largo plazo construida con la participación de la sociedad; por otra parte, las políticas requeridas para hacerla realidad y, por supuesto, los estadistas que se necesitan –en todas las esferas de la acción pública– para diseñarlas, operarlas, mantenerlas y ajustarlas. Hemos padecido la falta del acuerdo social, de las estrategias y la constancia de su operación, al igual que de los dirigentes, en plural, que se han requerido. Nos han sobrado caudillos y hemos carecido de una sociedad informada, preparada y participativa.
El Universal Responde
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Hoy, los numerosos, terribles y extendidos asuntos del contubernio entre gobernantes de todos los niveles y el crimen organizado alcanzaron un nivel insostenible y se han convertido en la urgencia mayor. Por supuesto que el tema se debe atender con determinación y sin importar de quienes se trate. Se debe hacer en el marco de la ley y con prontitud. Se requiere de lealtad, pero con honor, ya que, como se ha sostenido, cuando carece de esto se trata más bien de complicidad. La lealtad que se reclama es a la patria y no a las personas. Se deben dejar atrás la mentira y la simulación, pero también las diatribas y las venganzas.
En medio de este cuadro indeseable y de apuro mayor, alienta el mensaje del Rector de la Universidad Nacional sobre la educación y el desarrollo y su llamado a valorar debidamente la relevancia del conocimiento, la ciencia y la cultura, que ha permitido a la humanidad tener el progreso con que se cuenta. El doctor Lomelí, distinguido por la UNESCO con la asignación de la “Conferencia Albert Hirschman”, pasó revista al pensamiento del ilustre economista y científico social, para entender el comportamiento de los individuos frente al deterioro de las organizaciones, al igual que de la crisis democrática contemporánea.
El doctor Lomelí se refirió al valor de la educación y sostuvo que esta genera “actitudes que promueven la participación democrática, la responsabilidad política y un ambiente favorable a la innovación y la participación social”. Pero igualmente, que la educación debe acompañarse de una “estrategia de desarrollo” para evitar generar una crisis de expectativas. Para esto, “urge atender la urgencia”, pero también lo fundamental, además de hacerlo con prontitud.
Exrector de la UNAM. @JoseNarroR

