Leo a varios de los voceros y corifeos de Morena muy molestos por la eventual incorporación a ese partido de Miguel Ángel Yunes y Alejandro Murat, uno expanista y otro expriista, pero ambos con una pésima imagen e indicios de corrupción.

Dicen que con semejantes personajes Morena lastimará su imagen, y que se parecerá a lo que fue el PRI hegemónico. Algunos señalan que, si bien fue buena idea extorsionar a Yunes para comprar su voto y con él adquirir la mayoría calificada en el Senado, (y así aprobar la reforma destructora del Poder Judicial), cosa distinta es incorporarlo al partido y darle cargos de importancia.

Es decir, justifican el maquiavelismo (un mal menor) que AMLO siempre negó en su discurso (si bien lo aplicó constantemente), negando con ello que Morena es lo que dice ser.

Pero sí tienen razón en que recibir a tales personajes no habla muy bien del partido guinda. Lo que sorprende es que apenas, sólo con estos dos personajes, hagan esa reflexión, siendo que Morena, desde su origen, ha aceptado a cuanto impresentable quiere entrar ahí, sin importar si en su pasado arrastra un cochinero. O bien si dichos personajes lo hacen por mero oportunismo.

Tales propagandistas parecen no haberse percatado que esa es la esencia de Morena; corruptos, oportunistas y chapulines de los partidos “moralmente derrotados” que detestan; PRI, PAN y PRD lo forman.

El propio AMLO dice haber abandonado al PRI a fines de 1988 -tras 17 años de militancia ahí- por haber adoptado el neoliberalismo, pero miente (para variar).

Él trabajó en el gobierno de Miguel de la Madrid, quien adoptó el neoliberalismo, y nada dijo sobre los fraudes de Chihuahua en 1986 (el “fraude patriótico”, como lo llamó Manuel Bartlett), ni el de 1988, contra el fundador del movimiento del que se supone él es heredero y abanderado.

Al contrario, quería continuar en el PRI neoliberal y buscó la candidatura para alcalde de su natal Macuspana. Sólo cuando se la negaron aceptó la invitación para ingresar a lo que sería el PRD en 1989. No salió del PRI por razones de congruencia ideológica.

Los corifeos de Morena tampoco dijeron nada con la incorporación del propio Bartlett, Monreal, Adán Augusto entre muchos otros impresentables, incluido Ignacio Ovalle, que había sido protagonista de un fraude en Conasupo con Salinas de Gortari, y ahora encabezó el de Segalmex (tres veces mayor que la Estafa Maestra, y siete veces mayor al Fobaproa).

Ahí no había problema; es que –como aclaró AMLO-, Ovalle no se dio cuenta del desfalco, o quizá sí, pero lo hizo sin el visto bueno de AMLO. ¿Dijeron algo los propagandistas oficiales? Nada, o como dice AMLO, “callaron como momias”.

Admitir corruptos y tramposos como política pragmática (pero 'no maquiavélica’) la estableció el propio AMLO al aceptar a un priista tabasqueño, Evaristo Hernández Cruz, al que acusaba constantemente de corrupto. Pero cuando en 2016 a ese personaje se le acabó el espacio en el PRI, pidió incorporarse a Morena... y AMLO lo recibió con los brazos abiertos:

“Ha tomado la decisión de sumarse a esta lucha y eso lo exonera -dijo-. Todo el que está en el PRI y decide pasarse a Morena… nosotros pensamos que se le debe de perdonar… Al momento en que se sale del PRI, se limpió”.

Y ese criterio se ha venido aplicando sistemáticamente con la mayoría de las adquisiciones del partido guinda (80% del PRI). ¿No se percataron de ello los corifeos que ahora se desgarran las vestiduras con Yunes y Murat? ¿En qué universo andaban?

Dicen ellos, con razón, que esos personajes son como dos gotas de lodo en un auto que rechina de limpio. Yo también los considero como gotas de lodo, pero en un carro que lleva años cruzando un pantano (y cuyo ‘plumaje’ sí se mancha).

¿O será que Rocío Nahle, que encabeza esta campaña contra Yunes, les habrá ‘solicitado’ que le hagan segunda?

Analista.

@JACrespo1

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