Estuve en el auditorio cuando la doctora Mónica González Contró, directora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, rindió su informe de gestión cuatrienal. Salí convencido de algo simple. Los números, aquel día, contaban una historia más grande que ellos mismos.
La historia empezó en septiembre de 2022, cuando González Contró se convirtió en la primera mujer en dirigir el Instituto. Aquel dato ya era noticia. Cuatro años después, su verdadero peso aparece en la manera de ejercer el cargo. Desde el primer día, convocó a la comunidad a construir juntos un rumbo, y ese llamado se transformó en un Plan de Desarrollo con 58 proyectos, la mayoría de ellos hoy con sus objetivos cumplidos.
Escuchar el resto del informe fue, para mí, presenciar un ejercicio genuino de transparencia. El Instituto pasó de 16 a 20 líneas de investigación, con 19 vigentes al cierre del periodo. Sus investigadoras e investigadores firmaron 261 libros y 496 artículos, y el repositorio institucional recibió más de 11.7 millones de consultas, una cifra que confirma algo que muchos sospechábamos y pocos medían: el conocimiento jurídico mexicano sí llega a la gente.
También habló de los debates que definieron estos años. Jurídicas produjo análisis colectivos sobre la reforma judicial de 2024 y sobre las veinte iniciativas constitucionales y legales presentadas ese mismo año, con investigadores de posturas distintas trabajando bajo el mismo techo.
Pero la parte del informe que más me conmovió llegó después, cuando la directora habló de Tijuana. Desde la Estación Noroeste de Investigación y Docencia, el programa Acción Migrante acompañó a cerca de 60 personas y brindó más de 140 orientaciones jurídicas a personas que cruzan o esperan en la frontera. Ahí, la teoría bajó del pizarrón y tocó vidas concretas.
Tratar bien a la comunidad propia también fue parte del informe. La Agenda de Deliberación Institucional abrió espacios para conversar sobre asuntos públicos y necesidades internas, y las acciones de igualdad y cuidado reforzaron una idea que a veces se pierde entre expedientes. Una institución también se mide por el trato que da a su gente.
Cerraron el acto el coordinador de Humanidades, Miguel Armando López Leyva, y el rector Leonardo Lomelí Vanegas. A este último se le notó el respaldo cercano de la comunidad universitaria, en una semana difícil para la UNAM por la revisión del proceso de admisión a licenciatura. Ese respaldo dice algo importante: las instituciones se sostienen cuando su gente decide sostenerlas.
Salí de esa sala pensando en el país que tenemos afuera, uno donde la conversación jurídica suele quedar atrapada entre la polarización y la urgencia. El Instituto, ese día, mostró otra ruta posible. Pensar antes de sentenciar, estudiar antes de simplificar, dialogar con quien discrepa y explicar con claridad. Por eso este informe merece algo más que un vistazo. González Contró rindió buenas cuentas con una comunidad activa y abierta al país. Eso es liderazgo universitario en su mejor forma, y también una buena noticia para México. Por algo el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM ha formado parte, desde siempre, de la Junta de Gobierno del Inacipe, otra comunidad que piensa el derecho.
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