Imaginemos a un adolescente que le confía sus problemas personales a una aplicación, y que minutos después usa esa misma aplicación para resolver la tarea de matemáticas. Eso sucede hoy en miles de hogares mexicanos, y por eso la presidenta Sheinbaum anunció esta semana el inicio de consultas regionales para analizar el efecto de las plataformas digitales y la inteligencia artificial en menores de edad. Los encuentros se realizarán en distintos estados durante agosto y septiembre, y con sus resultados el Gobierno construirá una propuesta que llegará al Congreso de la Unión.
Esa consulta nace de una problemática real que todos reconocemos con facilidad. Los sistemas de inteligencia artificial ayudan a millones de jóvenes a estudiar y a sentirse acompañados, y al mismo tiempo alteran el sueño y generan dependencia emocional. Una de cada tres personas conectadas a internet en el mundo es menor de edad, y la mayoría de los padres ya percibe el problema en casa y en la escuela. El tamaño del reto, pues, exige método, análisis y pronta definición.
Frente a ese reto, la Presidenta eligió el camino de escuchar y analizar a fondo antes de decidir. Familias y comunidades educativas participarán en estas consultas, y especialistas aportarán su conocimiento y experiencia. El propósito declarado consiste en prevenir el daño real que la tecnología puede causar, más allá del miedo y de la prohibición fácil, siempre de la mano de la evidencia sólida para la toma de decisiones.
Esa evidencia debe sostener, cuando menos, dos exigencias claras. La primera consiste en identificar quién diseña estas plataformas y quién obtiene provecho de ellas, porque la responsabilidad debe corresponder al tamaño de ese poder. Las empresas que crean estos sistemas conocen y producen sus algoritmos a fondo, así que a ellas corresponde la mayor parte del cuidado, con medidas reales y verificables, más allá de un simple aviso legal, siempre inútil.
La segunda exigencia consiste en construir protecciones concretas, más allá de los principios generales. Toda regulación seria debe proteger de veras la privacidad de niñas y niños y bloquear el contenido sexual y de cooptación por la delincuencia organizada creado con inteligencia artificial.
Esas protecciones solo tendrán valor real si la consulta influye en la propuesta final que será enviada al Congreso, y si las decisiones legislativas y de política pública se explican con amplitud y claridad. Ahí nacerá la legitimidad de cualquier ley nueva que se legisle, porque una regla clara se respeta, y una regla oscura se abandona pronto. Ahí se jugará también la confianza de las familias que después vivirán bajo esa ley.
Con esa confianza, que espero acompañe todo el proceso, México puede regular con calma y con ambición lo que muchos países no han podido lograr. La innovación florece bajo reglas entendibles y aceptables, y la libertad crece con instituciones capaces de hacer valer el estado de Derecho. Distinguir antes de actuar y proteger antes de improvisar, ese es el verdadero reto de legislar con inteligencia sobre inteligencia, porque aquel adolescente que le confía sus penas a una pantalla merece, cuando menos, una ley pensada con calma y bien pensada.
Abogado penalista. X: @JorgeNaderK
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