No debe ser nada cómodo para la presidenta Claudia Sheinbaum, tener que recurrir al Zócalo lleno del viejo modelo priista, para responder a una ofensiva delirante de Donald Trump. El tic-tac del reloj no opera con un mecanismo imaginativo, sus manecillas se mueven sin más sentido que medir segundos, minutos, horas, días, semanas, meses e incluso años de una rutina que inexorablemente lleva a la distopía, al cinismo, a la mezquindad.

No hay utopía motriz del camino.

“Mussolini renace. En menos de 24 horas la Cámara de Diputados ha demolido lo que quedaba del Estado liberal, ha defenestrado a 124 diputados electos y destruido una conquista civil que le había dado una primacía a Italia en el mundo. La oposición está muerta, la libertad ha sido suprimida, la vida política libre ya no existe”.

Este pasaje de la gran novela de Antonio Scurati, M El hombre de la Providencia, pareciera retratar la demolición de los poderes independientes de nuestra incipiente república democrática construida por la lucha de varias generaciones de movimientos en México.

No sorprende la respuesta típicamente priista, acaso genéticamente fascista de proclamar: el fascismo ha triunfado porque truncó siempre en su raíz las tendencias, las corrientes e incluso las simples diferenciaciones: su bloque es monolítico. (Mussolini. Gerarchia, enero de 1926).

Son casi las mismas palabras convocando a la gran movilización nacional del domingo 9 de marzo de 2025, para responder con fortaleza a Trump.

¿Por qué retrocedimos un siglo?

Los sueños libertarios, igualitarios fueron aplastados por un comunismo soviético de guerra, que renace bajo la abigarrada alianza Trump-Putin.

La llamada transición mexicana de fin del siglo XX se desmayó en los brazos de un caudillo aldeano venerado por sus promesas de acabar con la mafia del poder y la corrupción, con la bandera de primero los pobres.

No hay más que un solo camino, repiten las arengas del morenismo.

La llamada oposición es un amasijo de ancianos burócratas defendiendo las canonjías de las franquicias casi en extinción del PRI y del PAN. No hay en sus filas ninguna voz de los diferentes, de los excluidos, de los jóvenes, de las mujeres, de los ambientalistas, de las madres buscadoras, de los pueblos indios, del EZLN, de los maestros, de los normalistas, de los migrantes, en suma de los olvidados de la tierra.

¿Pueden volver a tremolar las banderas rojas?

Nunca con el viejo ropaje del comunismo soviético criminal, tampoco con el socialismo del siglo XXI de Chávez.

Los desafíos planetarios y nacionales exigen un pensamiento abierto, libertario, democrático en sentido profundo más allá de los partidos y totalmente superior a las contiendas electorales. Aunque con derechos políticos para todo mundo y no solo para el monopolio de la partidocracia. Ese “modelo” transicional a medias ya fracasó, provocando el surgimiento del obradorato.

Las máscaras del priismo, con extraordinario parentesco con el fascismo de hace un siglo de Benito Mussolini, muchas veces homenajeado por AMLO, podrán engatusar algún tiempo más a millones de los que lo veneran por sus “programas sociales”, limosnerismo le llamó Manuel Aguilera Gómez. Pero a la borrachera le sucederá la cruda ineludible posterior al despilfarro.

Antes que nos aparezca el Milei a la mexicana o el pelirrojo grotesco réplica de Trump, requerimos sumar toda la inteligencia, el talento de la genética libertaria de los orígenes del movimiento utópico que sucumbió ante el totalitarismo de la dictadura del proletariado. Eso debe quedar en el pasado, para impedir el renacimiento de Mussolini diciéndonos “Está revolución de nuestro pueblo ha de volverse total”.

@JoelOrtegaJuar

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