Iba a escribir sobre Hungría, pero varios compañeros lo hicieron muy bien a lo largo de la semana, así que tocaré el tema en otra ocasión. Nos enseñaron con toda razón que el siglo XVIII fue el de la “Ilustración”, de “las Luces”, metáfora traducida en todos los idiomas. Ahora resulta que en los Estados Unidos, Europa y Rusia ha surgido una “Ilustración negra” en forma de teología política que promueve sin tapujos un nuevo orden mundial autoritario. En junio del año pasado, en la Universidad de Moscú, el Instituto Tsargrad, cuyo director es Alexander Duguin, organizó el “Foro del Futuro 2050: Tecno-optimismo y tradicionalismo”. El nombre escogido, Tsargrad, es a la vez un símbolo y un programa. Es el nombre tradicional que los rusos daban a Constantinopla, “la ciudad del zar”, cuando en el siglo XIX y todavía durante la primera guerra mundial, soñaban con quitarla a los turcos. Alexander Duguin, discípulo de Carl Schmitt, cofundador del efímero partido nacional-bolchevique con Eduard Limonov, ha elaborado un híbrido de cristianismo, esoterismo y euroasiatismo que es del agrado del presidente Putin.
El Foro, financiado por algunas de las más grandes empresas rusas, reunió tecnócratas importantes y tradicionalistas cristianos, rusos, estadounidenses, como Jeffrey Sachs, Errol Musk, el patriarca del clan —Elon no vino porque su Starlink ayudaba a los soldados ucranianos—, el inglés George Galloway, político conservador; el ministro de Relaciones de Rusia, el eterno Serguei Lavrov; Konstantin Malofeev, Peter Tolstoy… El Instituto presentó en su informe: “Rusia 2050: una visión del futuro”, unos posibles guiones del desarrollo de Rusia como superpotencia de la nueva era post-liberal. Decía: “El giro antiliberal global señala la entrada de la humanidad en la era post-liberal como una vuelta a la normalidad. Rusia inicia y lidera el proceso (…) Un símbolo de tal giro en Occidente es la revolución Trump y el fenómeno del Trumpismo”. En una revoltura fabulosa de tradicionalismo y de futurismo, el documento en forma de Manifiesto afirma que “en el siglo XXI, la misión de Rusia es de regular el equilibrio de los intereses estratégicos para mantener la seguridad internacional y un orden mundial justo, fundado en la adhesión a la ciencia y a la tecnología, aliados naturales del optimismo judeo-occidental, especialmente si quedamos abiertos a la escatología en la cual Dios, a través de nosotros, construye el Reino hoy, sobre la Tierra, el Reino que es una futura realidad y, a la vez, algo que se puede realizar parcialmente en el presente”.
Alexander Duguin ha leído a Carl Schmitt; Peter Thiel, que también, además de haber leído las “Fundaciones de Geopolítica” de Duguin, es uno de los autores de la versión americana de la “Ilustración negra”. Interpreta, en una perspectiva apocalíptica, la famosa parábola de Vladímir Soloviev (1853-1900) Tres conversaciones y breve relato sobre el Anticristo. Empresario germano-americano, Thiel, cofundador de Paypal y de Palantir Techologies, apoyó a fondo a Trump y J.D. Vance porque “ya no creo que la libertad y la democracia son compatibles”. Afirma que es necesario reintroducir la religión en la política para lograr la colaboración entre Dios y la humanidad. El regreso de la metafísica en la política es el hilo conductor de todas las intervenciones de un Peter Thiel que quiere “despertar(nos) del largo período de sueño y amnesia tan equivocadamente llamado Ilustración”. Está en la antigua tradición de Joseph de Maistre, autor de las Veladas de San Petersburgo, católico fundamentalista, que huyó a Rusia, abominando de la Revolución francesa. Peter Thiel no olvida el asalto de la Ilustración contra la religión y piensa que sólo la cultura cristiana nos puede salvar de la tentación del Anticristo. Tecnológicamente de vanguardia, tal es el nuevo pensamiento de la antigua y eterna Reacción.
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