Pero sin olvidar a los iraníes masacrados por su gobierno, ni a Palestina donde el ejército israelí destruye inmueble tras inmueble en Gaza y entra con violencia en la universidad de Cisjordania, ni a los habitantes de los EU, autóctonos e inmigrados atacados por las turbas del ICE, comparables a las camisas pardas SA nazis.
Todo es muy feo y pinta muy mal. El año que empieza pinta peor para Ucrania. La guerra de agresión rusa rebasa ya en duración lo que los rusos llaman la Gran Guerra Patriótica (junio 1941-mayo 1945). No la llaman Segunda Guerra Mundial, la cual empezó en septiembre de 1939, porque, aliados de Hitler se comieron a Polonia con los nazis en aquel mes de septiembre y la alianza germano-soviética duró hasta que Hitler decidió ser el primero en disparar. Bueno, esa Gran Guerra Patriótica ha sido alcanzada y rebasada por la “Operación Militar Especial” de Vladímir Putin; iba a durar tres días, siete cuando mucho. Hoy, domingo 18 de enero de 2026, es el día 1429 de la guerra que no debe decir su nombre. Y el mundo espera tranquilamente que muera el último soldado ucraniano. Y millones de ucranianos se quedan sin luz, ni agua, ni calefacción cuando el termómetro marca menos 20.
En sus emisiones de televisión, el siniestro propagandista del Kremlin, un tal Soloviov que pueden ustedes encontrar en Instagram o X, llama a matar, a exterminar a los ucranianos, sin limitarse a las infraestructuras energéticas. ¿Será filántropo, para evitarles una muerte lenta por congelación? La apatía de la opinión pública europea y americana es tristemente normal. Mientras no me toca… ¿Por qué gastar en ayuda a Ucrania si tenemos necesidades en casa? Mejor vámonos a esquiar a los Alpes o a Denver, o a nadar en aguas tropicales.
Es cierto, no soy objetivo. Estoy a favor de la libertad de Ucrania, su libertad y la nuestra. En 1939, antes de que empezara la segunda guerra mundial, los franceses decían “No queremos morir por Danzig”, el puerto polaco reclamado por Hitler. Poco después tuvieron que morir cuando Hitler y Stalin se repartieron Polonia. Mientras tanto, el régimen ruso manipula hábilmente a la administración trumpiana y otros crédulos de Europa, por ejemplo, con su mentira del intento de asesinato de Putin supuestamente perpetrado por los ucranianos, y con las interminables discusiones sobre un supuesto “plan de paz”, la gran especialidad de Trump: vean los resultados de su plan de paz para Gaza. Trump sigue sin enojarse con su amigo Putin y se dedica a usar en América Latina la antigua política del “big stick”, la gruesa macana” de inicios del siglo XX o de la “cañonera” del siglo XIX. Resulta que quiere conquistar a Groenlandia por una supuesta amenaza rusa y china, sin ayudar, todo lo contrario, a una Ucrania muy amenazada por una Rusia apoyada por China. Si cae Ucrania, ¡Adiós Europa! No le importa, puesto que él y sus Miller, Vance y compañía abominan a Europa.
Los ucranianos aprendieron que es inútil invocar las nociones de justicia, solidaridad, derecho internacional, porque tanto la ONU como Europa son impotentes, y porque esas categorías no existen en el universo mental de los dos grandes “padrinos”, Putin y Trump. Bien dijo el capo di mafia estadounidense: “no tengo más límite que mi moralidad interna”. Stalin pudo decir lo mismo e Hitler también. Los ucranianos quedan solos. Sabiamente no enfrentan, no provocan a Trump. Dice un colega ucraniano que “si alguien se cree Napoleón, vale más no desmentir su creencia y, más bien, convencerle de aliarse contra Wellington, Kutuzov o Alejandro I”. Aprendieron a decir “sí, Señor” y a disimular su pensamiento detrás de un humilde “pero”. Agradecen regularmente a Donald por sus “esfuerzos de paz”. Y siguen peleando gracias a la movilización del ejército y de la sociedad frente a una guerra total. Nadie quiere la paz en el Kremlin y Trump olvida a esa guerra. Europa no tiene más posibilidad que darse los medios de resistir a la convergencia de intereses entre Putin y Trump. México debería definirse mejor.
Historiador en el CIDE

