La nueva política de seguridad de Estados Unidos tiene como pieza central la consolidación de su hegemonía en el continente americano. El aterrizaje de esta política se puede ver en cuatro hechos recientes: la captura de Nicolás Maduro y el alejamiento del nuevo gobierno venezolano de China y Rusia; el bloqueo petrolero a Cuba, acusando la necesidad de sacar de la isla a “gobiernos hostiles” (otra vez China, Rusia e Irán); la amenaza a Canadá de duplicarle aranceles por su presunto acercamiento a China, y la decisión del gobierno panameño de quitar la licencia del canal de Panamá a la empresa china CK Hutchison. Todo lo anterior ocurrió en menos de un mes.
Para México, esta nueva política de EU implica dejar de enviar petróleo a Cuba para no poner en riesgo el T-MEC, lo que significa romper con una longeva política instaurada desde el priismo de los 70 y retomada por la 4T. Para el PRI era una forma de inhibir que Cuba patrocinara movimientos guerrilleros en México. Para Morena, el apoyo al régimen isleño es un tema ideológico y solidario, pero tendrá que “romper” con Cuba para no arriesgar represalias.
Es probable que la 4T se vea obligada a tomar más decisiones complejas que pondrán en duda la “soberanía”, como la izquierda mexicana la define, pues el verdadero objetivo de EU en México es reducir al mínimo la presencia de empresas chinas, al ser éstas un riesgo para su seguridad nacional. Y aquí hablamos de una fuerte presencia económica que se ha desarrollado en México en los últimos 12 años.
Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), México recibió 42 proyectos de China en 2024 por 5 mil 200 millones de dólares, lo que equivaldría a 57% de la inversión de ese país en la región. Pero desde entonces las inversiones chinas en México han aumentado considerablemente al establecerse en parques industriales para intentar reducir las tarifas arancelarias que EU impuso a sus productos. Nadie sabe con exactitud el monto de las inversiones chinas en México, pero seguramente rondan el triple de lo que la Cepal contabilizó. Un ejemplo: tan sólo en el parque industrial de Hofusan, en Nuevo León, se cuentan ya más de 30 empresas chinas con inversiones millonarias.
EU tiene en su lista de prioridades en México excluir a China de:
*Puertos: actualmente empresas chinas controlan los puertos de Ensenada, Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Veracruz, que manejan 53% de la carga que se mueve vía marítima y 73% de los contenedores. Para EU, los puertos en México y hasta los equipos que ahí se utilizan son considerados de importancia geoestratégica.
*Telecomunicaciones: desde hace seis años EU ha pedido a sus principales socios comerciales y militares que dejen de contratar a empresas chinas en las telecomunicaciones por riesgos de espionaje. En particular, se han dado alertas respecto de las empresas Huawei y ZTE. Prácticamente sólo México ha hecho caso omiso a la petición, pues Canadá, 26 de los 27 países miembros de la Unión Europea más Japón, Australia, Nueva Zelanda, Vietnam, India e Israel han excluido a China de ese sector. Al contrario, en México los principales proveedores para las redes de telecomunicaciones gubernamentales (Altan Redes y CFE Telecom) son empresas chinas, pero también son uno de los principales proveedores de Telcel. Les interesa en particular que las empresas chinas instalen equipos en nuestra frontera norte.
*Aviación: Volaris y Viva Aerobus arriendan su flota área a CDB Aviation, una subsidiaria irlandesa propiedad de China Development Bank Financial Leasing Co. Así, en este sector también habría intenciones de reducir la presencia de capital chino.
*Maquila, autopartes y electrónica: su presencia dependerá de las reglas de origen que imponga EU en la versión revisada del T-MEC, pero es previsible que irán contra el contenido chino. Además, para alinearse con EU, el Congreso mexicano acaba de imponer aranceles de 28%, en promedio a productos chinos que vengan a México, por lo que es probable que se reduzca la rentabilidad de estas empresas y muchas de ellas decidan salir del país.
Vendrán meses muy complejos para el Estado mexicano, que debe decidir si se pone del lado de EU o de China y cómo compensar si salen capital y empleos de uno u otro bando. Durante los últimos sexenios los presidentes mexicanos han sido estratégicamente ambiguos, pero Enrique Peña sí canceló la inversión china en el tren de alta velocidad México-Querétaro y el megaproyecto industrial Dragon Mart Cancún, mientras que con la 4T las inversiones y empresas chinas han crecido prácticamente sin supervisión oficial alguna.
Estamos viendo una lucha por el control global entre gigantes —China y EU—, y su siguiente campo de batalla no será Taiwán, sino México. ¿Estará lista la 4T para lo que viene?

