Hablar de paz en México es una necesidad impostergable. Aunque se registra una disminución en los asesinatos, de acuerdo con cifras oficiales, México cerró 2025 con más de 20,000 muertes. La violencia es una herida abierta que atraviesa comunidades enteras, redefine la vida cotidiana y erosiona la confianza social.
Ante esta realidad, el Segundo Diálogo Nacional por la Paz, que se realizará en Guadalajara el 30 y 31 de enero y 1 de febrero, es una respuesta colectiva a una realidad que exige algo más que discursos y promesas, y que encuentra su valor principal en la escucha.
No es casual que un texto influyente en la tradición occidental y en la cultura monástica, la Regla de san Benito, comience con esta hermosa palabra: “Escucha” (Ausculta).
Antes de cualquier norma, antes de cualquier acción, está la disposición a abrir el oído y el corazón, una intuición milenaria que nos viene bien si queremos alcanzar una paz duradera.
La paz requiere escucha, corresponsabilidad y voluntad de encuentro, y la importancia de este segundo diálogo radica precisamente en su método: reunir a víctimas, jóvenes, organizaciones civiles, iglesias, academia, sector empresarial y autoridades para dialogar y reflexionar sobre las causas complejas, profundas y estructurales de la violencia, que no se resuelven con soluciones simplistas.
Los temas que se abordarán reflejan esa complejidad. La seguridad y la justicia aparecen como ejes centrales, pero también se hablará de impunidad, de corrupción, de desigualdad, de falta de oportunidades, de comunidades abandonadas y de jóvenes atrapados entre el miedo y la ausencia de horizontes.
Escuchar no solo significa abrir paso a la queja o a la denuncia. Este segundo encuentro propone también compartir experiencias que ya están dando frutos en distintos territorios y de pensar cómo escalarlas, adaptarlas y sostenerlas en el tiempo.
En un país acostumbrado a cambiar de prioridades cada sexenio, este diálogo propone una mirada de largo plazo, capaz de trascender coyunturas políticas y colocar en el centro la dignidad de las personas.
El Segundo Diálogo Nacional por la Paz representa una apuesta por no resignarse. No garantiza resultados inmediatos, pero sí abre un camino: el de una sociedad que se atreve a escucharse para reconstruirse.
Director de Comunicación de la Arquidiócesis Primada de México
Contacto: @jlabastida

