En la Iglesia Católica, la parroquia, como institución, nació entre los siglos IV y V, para atender las necesidades espirituales de los creyentes de comunidades pequeñas, rurales. Basta observar que, en miles de pueblos, aún podemos ubicar el centro por su kiosko y por su iglesia.
Pero las cosas ya no son así. De acuerdo con el censo 2020 del INEGI, 79% de la población mexicana vive en localidades urbanas, y el 21% en rurales. Y las ciudades son conglomerados no solo de personas, sino también de realidades sociales, políticas, culturales y medioambientales. No podemos asumir que la realidad urbana es igual a la realidad rural.
El término “pastoral urbana” entiende y asume esta premisa. El centro de la vida de las personas ya no es la iglesia, mucho menos la parroquia como templo: la cuidad es tan vasta y demandante que las personas buscan —y encuentran— realización personal y espiritual en lo que tienen cerca.
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Pero, más que tomarlo como una amenaza, la pastoral urbana abraza esta idea como una oportunidad: la Iglesia puede —y debe— salir a las calles de las ciudades. De aquí surge otro término que ha sido divulgado, principalmente por el Papa Francisco: la Iglesia en salida.
¿Cómo lograr esto? Ese es el verdadero reto. Se necesita mucha creatividad y mucha más empatía para acercarse a las personas. Pero si la Iglesia si no sale a las calles, no dará respuestas a los anhelos más profundos del corazón, especialmente de las personas de las periferias, comúnmente olvidadas y abandonadas por las estructuras sociales y políticas de la ciudad.
La pastoral urbana entiende que la Iglesia no sólo es un lugar físico: es una casa donde todos tienen lugar. Y que, hoy más que nunca, la gente de la ciudad necesita y busca a Dios, porque busca el sentido de su vida.
¿Cómo es la Iglesia en la ciudad? Es el sacerdote que reparte comidas a los desempleados que esperan en metro Observatorio, son las religiosas que cuidan a los enfermos en los hospitales, los voluntarios que escuchan, rezan y ofrecen palabras de aliento a quienes esperan noticias de sus familiares internados, son los espacios de diálogo en internet y en las redes sociales que buscan dar respuesta a preguntas hoy indispensables sobre el sentido de vida y la espiritualidad. Ejemplos abundan, pero no sobran. Porque la Iglesia necesita transformarse para responder a los retos de las grandes ciudades.
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