La semana pasada numerosos bancos centrales celebraron reuniones de política monetaria. Más que las decisiones sobre el nivel de sus tasas de interés, que en su mayoría habían sido anticipadas por los mercados, lo que quisiera destacar en esta ocasión es el sentir de los bancos centrales sobre el entorno al que se están enfrentando.
Esto tiene un relieve especial, porque estamos en un momento en el que la economía mundial enfrenta un panorama de ajustes importantes, tanto por el lado del crecimiento económico como del de la inflación, principalmente como resultado de las medidas arancelarias y de otra índole del gobierno de Donald Trump.
Como es obvio, uno de los principales elementos a destacar de las referidas reuniones tiene que ver con los elementos principales de la decisión tomada por la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED), y con el contenido de las proyecciones macroeconómicas publicadas en esta ocasión.
En específico, la FED ajustó a la baja la mediana de sus proyecciones de crecimiento económico en Estados Unidos frente a las cifras esperadas en diciembre de 2024 (de 2.1% a 1.7% para 2025 y de 2% a 1.8% para 2026) y al alza las de inflación (de 2.5% a 2.7% y de 2.1% a 2.2% en esos mismos años, respectivamente). En este contexto, persiste la expectativa de dos reducciones de la tasa de política monetaria durante 2025, pero con un apoyo menor.
Aunque se ha expresado preocupación por el deterioro de las proyecciones de crecimiento e inflación, durante la conferencia de prensa posterior a la decisión Jerome Powell, presidente de la Junta de Gobernadores de la FED, intentó delinear un panorama positivo para la economía estadounidense:
-Datos duros que muestran un comportamiento sólido de la economía a finales de 2024 y principios de este año.
-Encuestas a consumidores y empresas caracterizadas por mayor debilidad en fechas recientes, pero a las que no les atribuyó una relación estrecha con la evolución de la actividad económica.
-Un mercado laboral vigoroso, con tasas de desempleo bajas.
-Un riesgo de recesión que ha aumentado, pero que no es el escenario base y que todavía es muy bajo.
-Una tasa de inflación que se mantiene por encima de la meta de 2%, pero que ha disminuido considerablemente desde los niveles alcanzados como resultado de la pandemia.
-Expectativas de inflación de largo plazo que se mantienen ancladas y compatibles con la meta de 2%.
Desafortunadamente, Powell reconoce el escenario descrito está sujeto a un grado inusualmente elevado de incertidumbre, como resultado de la perspectiva de ajustes en las políticas estadounidenses en cuatro áreas: aranceles, migración, finanzas públicas y regulación. De hecho, una de las palabras más frecuentemente repetidas durante la conferencia de prensa de Powell fue precisamente esa: incertidumbre.
¿Qué es lo que esto implica? Que ante una perspectiva en la que tanto el crecimiento económico como la inflación son muy difíciles de predecir, la política monetaria en Estados Unidos, como en muchos otros países, se está conduciendo sobre bases endebles, por lo que está sujeta a ajustes bruscos y repentinos. Así, el valor real del escenario favorable delineado por Powell es difuso.
¿Cuál es la actitud de los bancos centrales ante esta situación? Permítanme darles algunos ejemplos extraídos de las decisiones que tuvieron lugar la semana pasada.
-En el caso de Estados Unidos, en palabras de Jerome Powell, la FED no tiene prisa por ajustar su postura de política monetaria, y considera que lo mejor es esperar para tener mayor claridad respecto de hacia dónde va la economía.
-Asimismo, Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo, señaló que no están comprometidos con una trayectoria para la tasa de interés y que las decisiones se tomarán con base en la información que vaya surgiendo.
-Kasuo Ueda, gobernador del Banco de Japón enfatizó que en virtud de la incertidumbre imperante no es fácil evaluar si la tasa de inflación en su país se está acercando a la meta de una inflación sostenible de 2%.
-Andrew Bailey, gobernador del Banco de Inglaterra subrayó la repentina falta de visibilidad generada por la política comercial en Estados Unidos, y advirtió a los inversionistas sobre las dificultades para prever la trayectoria de las tasas de interés en un entorno de tanta incertidumbre.
-Tiff Macklem, gobernador del Banco de Canadá señaló que la política monetaria en su país será menos prospectiva de lo normal hasta que la situación económica mundial sea más clara.
¿Alguna lección para nuestro banco central? Durante sus últimas dos reuniones de política monetaria, el Banco de México ha señalado de manera muy clara su intención de reducir en 50 puntos base su tasa de interés. Así, se da por descontado que la decisión de esta semana se apegará a este criterio. Lo que no queda claro es cuál será la guía para la reunión que tendrá lugar el 15 de mayo.
Al respecto, me pregunto si no valdría la pena ponderar cuidadosamente los riesgos de una comunicación tan específica bajo las actuales circunstancias. Una guía menos rigurosa en esta etapa de ninguna manera impediría que el Banco Central la hiciera más detallada en fechas más cercanas a la decisión, de conformidad con la postura monetaria que considerara conveniente. Además de abrir sus márgenes de maniobra, esto mandaría una señal de prudencia, que parece especialmente importante tomando en cuenta el desanclaje de las expectativas de inflación de largo plazo.