Como era ampliamente anticipado, la semana pasada el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, anunció que su país no aceptó renovar en su forma actual el acuerdo comercial negociado con México y Canadá (TMEC), lo que habría implicado extenderlo hasta 2042. Esta es una pésima noticia para los tres países de América del Norte, pero especialmente para México, por el peso que tiene el Tratado en la economía del país.
El anuncio había sido descontado en los mercados financieros, por lo que no los afectó. Nuestras autoridades han señalado que por el mismo motivo tampoco tendrá un impacto en la inversión privada. Pudieran tener razón. El problema es que en este caso la ausencia de un efecto significa mantenerla en los sumamente deprimidos niveles actuales. Así, el escenario optimista es que, al haber sido anticipado, el anuncio no hunda aún más la inversión en nuestro país.
Una de las preguntas más importantes ahora es qué pasará con el TMEC. La decisión del gobierno estadounidense implica que el acuerdo será sometido a revisiones anuales, lo que genera el potencial, no la certeza, de mantenerlo vigente hasta 2036.
Conforme a sus reglas, cualquiera de sus miembros puede salir del mismo, con la única condición de que lo notifique con una anticipación de seis meses. Tanto la presidenta Sheinbaum como el secretario de Economía han señalado que este escenario es poco probable. Me parece que este argumento es válido, ya que existen poderosas razones económicas, políticas y legales para que Estados Unidos siga siendo parte del Tratado.
La salida del acuerdo comercial sería muy costosa para el sector privado de los tres miembros del acuerdo, entre otros motivos debido a la elevada integración de diversos segmentos de sus sectores industriales, que ha permitido la creación de cadenas de suministro altamente eficientes. No extraña por esto que varias agrupaciones del sector privado estadounidense hayan manifestado su deseo de que el gobierno de su país ratificara su participación en el TMEC.
Y a esto hay que agregarle el potencial impacto político. Además de los costos para las empresas, una parte importante de la población de Estados Unidos se vería afectada si su gobierno decidiera salir del Tratado. En un año electoral, y con el precio que se está pagando por la participación de ese país en la guerra con Irán, parecería demasiado arriesgado llegar a este extremo.
Por si lo anterior no fuera suficiente, la capacidad legal del gobierno estadounidense para decidir el retiro de un acuerdo aprobado por el Congreso ha sido puesta en duda, por lo que de optarse por esta vía probablemente se daría inicio a un conflicto legal largo y complicado.
Es cierto que también existe la posibilidad de que en cualquier momento las autoridades de Estados Unidos decidan extender el TMEC por 16 años más. Desafortunadamente, como veremos enseguida, este escenario es aún más difícil, particularmente durante el gobierno de Donald Trump.
Con todo esto en mente, el resultado más viable hasta 2028 es el de revisiones anuales al Tratado. Aunque este es por obvias razones un resultado mejor que su cancelación, tampoco está exento de problemas.
Para empezar, como ya señalé, no existe la seguridad de que el Tratado se extienda por diez años. Además, la experiencia reciente no deja lugar a dudas de que el presidente de Estados Unidos no tiene ningún problema en violar las reglas del acuerdo si lo considera conveniente para su país. Al respecto, no hace falta más que recordar lo paradójico de un tratado de libre comercio en el que se imponen barreras arancelarias de manera unilateral, y en el que estas se aceptan como un componente del esquema.
A lo anterior habría que agregar el elevado contenido político en que se basan las acciones estadounidenses sobre el TMEC. Más allá de su naturaleza estrictamente comercial, se ha convertido en un instrumento para perseguir objetivos en una variedad de temas, incluyendo los relacionados con el narcotráfico, la migración, China y los procesos electorales en Estados Unidos, entre otros.
Sería ingenuo pensar que esto va a cambiar pronto. Es obvio que la incertidumbre en la relación de México con Estados Unidos va a persistir mientras Donald Trump sea el presidente de ese país. Después, no sabemos.
Se ha señalado que los temas pendientes de discusión en el TMEC se han acotado en número y concentrado en temas específicos. Aunque esto tiene sus méritos, tomando en cuenta el enfoque del gobierno estadounidense hacia el Tratado, que acabo de describir, no veo cómo ser optimista. Mientras exista un tema económico o político de interés para Estados Unidos, siempre van a surgir aspectos nuevos que negociar. Y lo que esto implica es que existe un alto riesgo de que el TMEC se vaya haciendo cada vez más restrictivo para nuestro país, al menos durante el resto de la Administración Trump.
¿Qué puede hacerse frente a este panorama tan complejo? Por una parte, ante un evento que escapa al control de nuestras autoridades, capear el temporal y tratar de minimizar sus costos. Por la otra, reconocer que el reto principal para México no se deriva del TMEC, sino de las políticas internas, que sí controlan, y cuyas “áreas de oportunidad” se han señalado ad nauseam por múltiples fuentes.
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Exclusivas
Experiencias El UniversalMundial 2026: disfruta los partidos con hamburguesas, pollo frito y descuentos exclusivos de Club EL UNIVERSAL
Experiencias El UniversalAsí puedes obtener hasta 20% de descuento en Benedetti’s Pizza para disfrutar los partidos del Mundial con Club EL UNIVERSAL
Experiencias El Universal4 taquerías con promociones para disfrutar los partidos mundialistas con sabor mexicano
Experiencias El Universal


