El sistema engulle al proceso mediante el cual los ciudadanos escogerán a ministros, jueces y magistrados. Un suceso que irrumpe ante los mexicanos y se construye en el camino, comienza a tener viejos vicios de comunicación y de política: movilización de partidos, aspirantes que colocan mensajes bajo una lógica de mercado, asimetría en posibilidad de acceso a medios de comunicación y dados cargados a partir de qué grupo político impulsa a determinados perfiles.

Con las campañas de la elección judicial en marcha, hay dos grandes aristas que parecen no encontrar punto de conciliación: la necesidad de información por parte de la gente entusiasmada con la elección y el tiempo para conocer perfiles que nutran la capacidad de decisión.

Entre las pocas certezas que arrojan mediciones respecto al sistema de justicia en México, resalta que la gran mayoría de las personas considera que el actual no sirve. Entre las muchas dudas está el que la reforma, la elección y los perfiles que de ella emanen quiten el halo que cruza transversalmente al Poder Judicial: corrupto y al servicio del poder del dinero.

Lógica del escorpión porque el sistema no pudo dejar de actuar conforme dicta la experiencia de quienes lo componen: torcer las reglas por ellos mismos impuestas y determinar a los candidatos visiones mercantiles. Se vende una pasta de dientes o un auto eléctrico de la misma manera en que se colocan hoy la mayoría de las y los futuros juzgadores.

En el dislate vivimos y en él hemos de transitar. El escorpión que vive en cada integrante y aspirante a conformar el sistema los hace aguijonear la necesidad de cambio radical y transformación que mediciones como la encuestadora Áltica muestran (Encuesta completa).

Observamos múltiples candidatas y candidatos regados por el terreno nacional e intentando recorrer a lomos de soliloquios sin diapasón para el recato. Bailes, playas, disfraces de indígena bordados en la escuela peñanietista, viajes en metro, el pueblo como adjetivo, la sapiencia como condición de suficiencia. ¿Transformación, cambio radical?

Juego de espejos emprendido por el INE y por el oficialismo. Mientras la autoridad electoral determina ser la única facultada para difundir el proceso de elección judicial, la presidenta de México opta por la desobediencia para continuar refiriéndose al mismo. Impugnación seguida para que decida el Tribunal y en la víspera cada dendrita que emana de una popularidad del 80 por ciento, encuentre el momento propicio para lanzar la mejor loa a la democracia y al derecho del pueblo. Faltaba más.

Quienes demandan acceder a la justicia, conocerla en alguna ocasión, en el mejor de los casos atestiguan la puesta en escena del escorpión. Otro porcentaje de los nunca enunciados nada espera porque son campesinos, indígenas, pobres, mujeres que viven violencias. Si el sistema los excluye, ¿por qué habría de ser diferente ahora? El proceso nació como posibilidad de cambio, transita como coyuntura, perfila terminar como corte de caja en la capacidad de movilización del oficialismo.

Consultor en El Instituto

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