Si usted es de las personas que conmemora este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, conviene señalar y tener en cuenta las expectativas que el decoro social impone al correcto marchar y protestar de las mujeres. Primero que nada, no incomode. Este día debe ser un día de celebración y felicitación. Reciba las felicitaciones, flores y piropos que le recuerdan que este es su día, haga a un lado los micromachismos que experimenta día a día, las miradas lascivas y los toqueteos indeseados en la vía pública. Usted es una mujer y este es su día. Aunque no necesite frases motivacionales para recordarlo debido a las continuas desigualdades que experimenta.

Segundo, no se enoje o muestre formas de hartazgo o rabia colectiva. El hecho de que 70% de las mujeres haya experimentado algún tipo de violencia en su vida, es irrelevante ante los ojos del escrutinio público que exige una forma de protesta decorosa. Intente expresar más alegría y menos enojo. Recuerde que las vallas que protegen las fachadas de edificios públicos están ahí para su protección (la del edificio, no la de usted). Y que son un recordatorio de las prioridades gubernamentales en temas de seguridad pública. Así que este día encamine su energía a cosas más productivas, como las labores de cuidado no remuneradas que recaen sobre todo en las mujeres.

Tercero, de ser posible no sea radical en este día, ni en ningún día. Aunque la palabra radical haga referencia a lo que está en la raíz, cuando se habla de feminismos radicales se denota extremismo e intransigencia. En lugar de analizar los problemas estructurales que están a la raíz de la desigualdad que experimentan las mujeres, concéntrense en la variedad de productos diseñados para su género. Aquellos que se distinguen por su color rosáceo y el sobreprecio. Si existe la brecha salarial que experimentan las mujeres y que las lleva a ganar menos que un hombre por el mismo trabajo, que esta desigualdad se agrande al pagar de más por el mismo producto en distinto empaque.

Cuarto, no sea ruidosa ni vulgar. Aunque este es su día, la forma de conmemorarlo y experimentarlo no está exenta del doble rasero que se impone a las mujeres. Intente mostrar recato y dignidad, un enojo prudente y conmensurado, racional, que se exprese proporcionadamente, casi un desaire. En lugar de protesta, mejor quedarse en casa, donde cada 10 minutos una mujer o una niña es asesinada por un miembro de su familia o su pareja. Por otro lado, no se deje llevar por la algarabía y las formas altisonantes de protesta, ya que estas expresiones comunitarias de resistencia y sororidad siempre han sido temidas y clasificadas de herejía.

Quinto, guarde la correcta proporción en sus expresiones este día y todos los días. Recuerde que hablar de las violencias y desigualdades que experimentan todavía las mujeres es algo que cansa y harta, sobre todo a los principales perpetradores de estas violencias: los hombres. Por eso en lugar de enfocarse en lo negativo es mejor recordar que no todos los hombres son así y que las mujeres también son violentas por lo que todo lo demás se cancela. Así que ya lo sabe, este 8M, proteste, pero sin enojo, reflexione, pero sin incomodar e intente lograr satisfacer esa doble moral inalcanzable que se impone a todo lo que hacen las mujeres.

Postdata. Conviene señalar que si usted es de las personas que celebra este 8 de marzo y envía flores a las mujeres en su vida, quizá no haya apreciado la ironía detrás de este escrito, por lo que es este es el justo momento de hacerla explícita.

Especialista en temas de justicia, anticorrupción y tecnología cívica. @itelloarista

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Google News

TEMAS RELACIONADOS