Para ingresar este año a la carrera de Médico Cirujano en la Facultad de Medicina de la UNAM fue necesario obtener 117 aciertos de 120 posibles. Este dato sería solamente una muestra de la enorme competencia por estudiar en la Universidad si no fuera por el hecho de que, para distintas careras, los puntajes de las personas aspirantes aumentaron de manera extraordinaria respecto de los observados durante los últimos años.
La diferencia más importante fue que, por primera vez, el examen de ingreso a licenciatura se realizó completamente en línea. Esta decisión atendió a diversas cuestiones como el hecho de que permitiría participar a personas de otros estados y países, evitaría traslados y reduciría los recursos necesarios para movilizar a miles de trabajadores, aspirantes y familiares. Para garantizar la integridad del proceso, la UNAM anunció que utilizaría herramientas de inteligencia artificial capaces de detectar comportamientos irregulares, cuyas alertas serían posteriormente revisadas por seres humanos.
Sin embargo, durante la aplicación aparecieron las primeras señales de alarma y es que la propia Universidad informó que, de los primeros 107 mil 349 aspirantes examinados, 1,117 incurrieron en conductas contrarias a las reglas y sus pruebas fueron anuladas. También presentó una denuncia penal contra personas y empresas que presuntamente ofrecían servicios fraudulentos para ayudar a resolver el examen.
La semana pasada se publicaron los resultados y diversos análisis difundidos a partir de información atribuida a la Dirección General de Administración Escolar muestran cambios abruptos en la distribución de los puntajes. En Medicina, por ejemplo, la media de aciertos habría pasado del rango de 59 a 62, registrado entre 2021 y 2025, a 78 en este año. En Actuaría habría aumentado de 67 a 82. También creció considerablemente la cantidad de aspirantes con resultados cercanos al puntaje perfecto.
Estas cifras no demuestran de manera definitiva que se haya cometido un fraude. El aumento podría estar relacionado con cambios en la dificultad del examen, en el banco de reactivos, en la preparación de los aspirantes o en las características de quienes participaron. Hasta ahora, la UNAM tampoco ha publicado una explicación que permita comprender una modificación estadística de tal magnitud. El problema es que, en teoría, la institución responsable de aplicar un examen de selección debería garantizar que sus resultados sean confiables y comparables. Cuando el comportamiento de los puntajes se aparta drásticamente de todos los antecedentes, le corresponde explicar qué cambió y demostrar que el instrumento continuó midiendo los conocimientos de cada aspirante en condiciones de igualdad.
Esta controversia coincide con las medidas anunciadas por la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago para enfrentar el uso de inteligencia artificial. A partir del próximo ciclo escolar, sus estudiantes de primer año no podrán utilizar computadoras ni celulares en clases. Los exámenes se realizarán presencialmente y sin acceso a internet, archivos electrónicos o aplicaciones.
Chicago tampoco pretende expulsar la inteligencia artificial de la educación jurídica. En los cursos de escritura, los estudiantes aprenderán primero a investigar y redactar por cuenta propia; después utilizarán estas herramientas para revisar textos, desarrollar investigaciones y evaluar críticamente sus resultados. En los cursos avanzados podrán estudiar sus aplicaciones profesionales. Además, los trabajos de investigación deberán defenderse oralmente ante un profesor, de modo que cada estudiante pueda explicar el razonamiento y las conclusiones que aparecen bajo su nombre.
La estrategia parte de la idea de que los estudiantes deben aprender a pensar con, sin y sobre la inteligencia artificial. Antes de apoyarse en una herramienta, necesitan desarrollar las capacidades que les permitan reconocer sus errores, cuestionar sus respuestas y ejercer un criterio independiente.
La UNAM enfrenta ahora una responsabilidad semejante. Necesita publicar la distribución completa de los resultados, explicar las modificaciones realizadas al examen y someter el proceso a una evaluación técnica independiente. Para los próximos concursos también debería considerar esquemas híbridos, con sedes regionales supervisadas y que conserven la accesibilidad sin abandonar condiciones mínimas de control.
Cada lugar obtenido mediante una ventaja indebida desplaza a otra persona que estudió y respetó las reglas. Por eso, la integridad de un examen de ingreso a una universidad pública constituye una garantía de igualdad. En la era de la inteligencia artificial, las instituciones educativas tendrán que enseñarnos a utilizar la tecnología; pero, sobre todo, deberán reconocer los momentos en los que la única forma de medir nuestros conocimientos consiste en cerrar la computadora y pensar.
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