Recuerdo mis días de redacción en un primero de septiembre. Fue una jornada complicada. Mientras yo hacía malabares para salir a tiempo a festejar mi aniversario de bodas, en la redacción peleábamos contra el reloj para convertir el Informe Presidencial en notas cada vez más pequeñas. Conforme avanzaban las horas, también se encogían los textos. Mi esposa siempre ha sido muy comprensiva. Gracias por eso.
El problema no era escribir. El problema era encontrar qué escribir. A quienes cubrimos una fuente nos pedían destacar lo más importante. Y en mi caso, muchas veces era como sacar agua de las piedras. Había cifras frías, programas huecos, anuncios nonatos y un caudal de choros oficiales que debíamos convertir en información para convencer al lector de que ahí había una noticia. A veces la noticia estaba escondida. Otras veces, de plano, no estaba.
Con todo el aprecio que siento por mi cabecita de algodón, tampoco puedo decir que en el sexenio del presidente López Obrado tuve mucho que informar en materia de Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Fue muy complicado encontrar información valiosa sobre el sector y cuando se lograba, era muy difícil ampliar o desvirtuar los datos. No había respuesta.
Por eso me parece interesante lo que ocurre ahora con el gobierno de Claudia Sheinbaum. Faltan muchas cosas, desde luego, pero en materia tecnológica ya existe suficiente material para revisar, cuestionar y hasta para escribir una columna sin necesidad de hacerle cirugía mayor al informe. Y eso, para un periodista de tecnología, se agradece.
Muchos pensarán que lo más importante de estos dos primeros años está en el automóvil Olinia, el registro de líneas celulares, la discusión sobre las redes sociales o la Inteligencia Artificial. No necesariamente.
Hay algo menos vistoso, pero mucho más importante. Es la construcción de la infraestructura digital del Gobierno de México que ha dado pasos muy importantes en soberanía digital, simplificación administrativa, el fortalecimiento de la infraestructura tecnológica y la inclusión digital.
Aunque a muchos no les guste, la creación de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones (ATDT) ha sido, por lo menos, disruptiva. A través de esta dependencia transversal se ha logrado centralizar las políticas TIC del sector público para coordinar el desarrollo de software, homologar infraestructuras y eliminar duplicidades en el gasto tecnológico estatal.
No suena espectacular. No provoca memes. Difícilmente ocupará ocho columnas. Pero puede ser mucho más importante que otro anuncio de Inteligencia Artificial con un robot sonriente de fondo o un pseudo policía robotizado.
A través de su Fábrica de Software, la ATDT ha logrado crear un modelo de desarrollo interno para reducir la dependencia de proveedores privados y operar plataformas propias enfocadas en servicios públicos.
Gracias a ello Plataforma Llave MX va tomando forma para convertirse en la plataforma de identidad digital única interconectada con la CURP y bases registrales para realizar trámites digitales unificados. Los grandes países digitalizados como Dinamarca, Estonia y Singapur, basan gran parte de su desarrollo económico en la velocidad y simplicidad de sus trámites y servicios.
Por ello, el desarrollo de Ventanillas Únicas y Expedientes Digitales son un avance en la digitalización masiva de trámites administrativos como lo que se espera del Expediente Clínico Digital para el sector salud.
Algunos se ríen y dudan del Proyecto de la Supercomputadora Coatlicue, pero el desarrollo de infraestructura de supercomputación nacional dotada de 15 mil GPUs para aplicaciones de investigación científica, prevención de desastres y analítica predictiva, sería otro hito que podría marcar favorablemente al gobierno federal. Se ha planteado una inversión de 6 mil millones de pesos y una construcción de dos años ¿Será suficiente? Yo prefiero esperar a que exista y después discutir sus resultados.
Por otra parte, y de mano de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT), el Plan Nacional de Conectividad cuyo objetivo es ampliar el despliegue de redes públicas de internet y fibra óptica priorizando la inclusión de comunidades rurales, es otro tema al que se le debe dar seguimiento y no solo caer en el vituperio barato generado por el Registro de Líneas o los Lineamientos de los Derechos de las Audiencias.
Por cierto, yo soy periodista y no cabildero disfrazado. Revisé los lineamientos publicados en el Diario Oficial de la Federación y no encontré nada que lamentar. Tal vez hay aspectos discutibles, como ocurre con cualquier regulación, pero tampoco descubrí el apocalipsis que algunos anuncian. Puede haber inconsistencias muy forzadas y retorcidas, pero eso de buscarles pezones a los reptiles tampoco ayuda demasiado al debate.
Lo que sí resulta curioso es la sorpresa de algunos porque la CRT haya publicado tan rápido los lineamientos después de recibir más de 8 mil opiniones durante la consulta pública. ¿Esperaban que los funcionarios comenzaran a trabajar hasta que llegara la última opinión? Eso no funciona así.
Una consulta pública no significa sentarse a contar comentarios mientras termina el plazo. Las opiniones llegan, se analizan, se clasifican y se incorporan, o no, al documento final. Sorprenderse por esa rapidez es como pensar que un restaurante empieza a cocinar después de recibir los pedidos.
El problema es que durante años algunos reguladores nos acostumbraron a otra cosa. Y ahora hay quienes defienden a los antiguos organismos como si hubieran sido la reencarnación del mismísimo Rey Salomón. Esos que se rasgan las vestiduras por el marco legal de la CRT y sus resoluciones, encubren la captura de organismos anteriores como el IFT que, pese a ser autónomo, no era independiente. Estaba capturado por todos los operadores y grupos políticos. En fin…
No dudo que existen “áreas de oportunidad” o fallos en materia TIC, como las brechas de ciberseguridad y la adjudicación directa de contratos, pero todo tiene respuesta con una estrategia de impulso y adopción de Software Libre y Código Abierto como parte de una política de soberanía tecnológica, reducción de costos en licencias de proveedores privados y autosuficiencia en el desarrollo de software institucional.
Por supuesto, esto ha generado críticas desde sectores de la industria tecnológica, que acusan que se confunde el código abierto con el “costo cero”. Es cierto. El Software Libre no implica el pago de derechos por licencias comerciales, pero exige inversiones constantes en arquitectura, soporte técnico calificado, parches de seguridad y mantenimiento. Sin embargo, se trata de una estrategia de soberanía digital y no solo de ahorro del gasto.
Lo cierto es que, después de dos años, la agenda tecnológica del gobierno federal ya tiene suficientes elementos para ser revisada.
Hay una Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones. Hay una estrategia de infraestructura. Hay proyectos de identidad digital. Hay una Fábrica de Software. Hay una apuesta por el Código Abierto. Hay un proyecto de supercomputación. Hay una discusión sobre conectividad y soberanía tecnológica.
Efectivamente, también hay problemas. Pero al menos ahora hay de qué escribir. Y para quienes pasamos años tratando de sacar agua de las piedras cada primero de septiembre, eso ya es noticia.
Aeropuertos que piensan
La aviación ya no habla solamente de pistas, aviones y pasajeros. Ahora también habla de algoritmos, biometría, datos y gestión predictiva. Ese fue uno de los ejes del XV Simposio de Seguridad de la Aviación Civil del Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP), que dirige Raúl Revuelta.
Durante el encuentro, especialistas nacionales e internacionales analizaron detección algorítmica, analítica de datos, innovación en sistemas de manejo de equipaje, gestión de riesgos y experiencias AVSEC de aeropuertos asiáticos.
Los números explican por qué la tecnología dejó de ser un asunto secundario. Durante 2025, GAP atendió 63.7 millones de pasajeros y destinó 341 millones de pesos a tecnología e innovación. Además, alcanzó 99.01% de cumplimiento en los tiempos de espera de los puntos de inspección de seguridad, conforme a estándares de IATA.
En la aviación cada pasajero genera datos y cada minuto cuenta, por ello, automatizar procesos puede modificar la experiencia de viaje y fortalecer la seguridad.
El aeropuerto se empieza a parecer menos a una terminal y más a una plataforma tecnológica. La pista sigue ahí, claro, pero ahora también hay algoritmos vigilando que todo funcione.
*Columnista y comentarista
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