Como si hubiésemos atravesado una zona de silencio, una era gris o una dimensión desconocida, dos sectores clave de la economía en México, van digitalizando sus activades y poniéndole la vida más sencilla al consumidor mexicano. Los pagos y la venta de boletos para espectáculos se alejan cada vez más de la obscuridad analógica. Ambos se acercan, finalmente, a la normalidad digital que en otras partes del mundo dejó de ser novedad hace tiempo.
Aunque desde hace lustros (y casi décadas) la tecnología de pagos ya está disponible en el país, parece que ahora sí los bancos nacionales decidieron dejar de pensar en sus propios negocios y quieren aumentar las transacciones digitales para olvidar el efectivo.
Lo malo es que el empujón no llega desde la banca, sino desde el gobierno. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció la semana pasada que gasolineras y casetas de peaje en autopistas federales dejarán de aceptar efectivo antes de que termine 2026. En otras palabras, quien quiera llenar el tanque o cruzar una autopista tendrá que pagar de forma digital.
Dicho anunció se realizó el pasado 19 de marzo durante la inauguración de la 89 Convención Bancaria en Cancún, cuando por fin nos topamos con una muy buena noticia sobre la digitalización de la banca. Algo es algo.
Durante décadas el efectivo fue el rey indiscutible del sistema de pagos mexicano. Incluso cuando la tecnología bancaria permitía transferencias instantáneas y pagos móviles, muchos actores seguía más cómodos con el viejo modelo de una terminal de pago y una tarjeta bancaria.
Intentos hubo. El sistema CoDi prometía revolucionar los pagos desde el celular. Luego llegó DiMo con una propuesta similar. Ambos aparecieron con entusiasmo institucional, aunque sin provocar la revolución que los mexicanos merecemos.
Ahora la presión viene desde arriba. Si el gobierno obliga a digitalizar pagos en gasolineras y autopistas, la banca tendrá que acelerar. No por entusiasmo tecnológico sino porque el ecosistema de pagos lo exigirá.
En ese mismo foro, la gobernadora del Banco de México, Victoria Rodríguez Ceja, lanzó un mensaje que sonó menos político y más técnico: los bancos deben mejorar la experiencia de las transferencias digitales. Más rapidez, más sencillez, menos fricción.
En ese contexto destaca la consulta pública que abrió el banco central la semana pasada para conocer cómo los usuarios viven las transferencias electrónicas desde dispositivos móviles. El objetivo es ajustar las reglas del Sistema de Pagos Electrónicos Interbancarios y publicar nuevas disposiciones este mismo año.
La brecha tecnológica en pagos todavía es evidente. Mientras en otras partes del mundo operan sistemas digitales con velocidad quirúrgica, México sigue debatiendo cómo abandonar el efectivo.
Pero algo cambió. Quizá no por entusiasmo bancario, sino por presión regulatoria. A veces la digitalización llega tarde. Lo importante es que, cuando finalmente aparece, no vuelva a perderse en otra dimensión desconocida.
En boletos también
Donde también se están dando pasos decididos a digitalizar la mayor parte del proceso es en la venta de boletos para espectáculos. Desde 2023 Ticketmaster, la principal boletera del país, presentó su boleto digital el cual suma a la fecha más de 27 millones de boletos expedidos por vías digitales.
Hasta hace poco conservé mis boletos piratas que me impidieron entrar a un festival de rock alternativo. Pero la historia empieza a cambiar. La digitalización de boletos avanza con pasos que ya empiezan a notarse debido a la necesidad de frenar al conocido fraude.
Ticketmaster decidió ajustar la ecuación y el pasado 3 de marzo presentó una actualización en el diseño de su boleto digital. Una mezcla de cambios visuales y nuevas capas de seguridad dentro de su aplicación móvil que permiten mantener el control del boleto desde el momento de la compra hasta el ingreso al recinto.
Quien abra ahora su boleto digital encontrará algo distinto al diseño anterior. El formato puede incluir imágenes del artista, del equipo deportivo o del evento correspondiente. No es solo estética; forma parte de un sistema visual que ayuda a validar la autenticidad del boleto.
El cambio más interesante ocurre en la lógica del acceso. El nuevo formato informa con claridad cuándo estará disponible el código dinámico que permite ingresar al evento. En algunos casos aparece pocos días antes del espectáculo, lo que reduce la posibilidad de duplicación anticipada o que los PDF apócrifos corran por las redes sociales.
Las capturas de pantalla para compartir o revender boletos de manera informal, dejaron de ser útiles. La aplicación bloquea capturas y grabaciones de pantalla cuando el boleto se encuentra visible. Si alguien intenta hacerlo, la pantalla aparece en blanco o negro. En otras palabras, el boleto vive dentro de la app.
También incorpora un elemento visual en movimiento que se activa al inclinar el teléfono. Ese detalle permite al personal del recinto identificar rápidamente que el boleto corresponde a una cuenta válida y que se encuentra activo.
Aun así, la plataforma mantiene la función de transferencia de boletos. Los usuarios pueden enviarlos a otras cuentas registradas dentro del sistema oficial, incluso si el código dinámico todavía no aparece. Es una forma de permitir la reventa o el intercambio sin abandonar el ecosistema digital de la empresa.
Para que no quedaran más dudas, Alejandro Ordaz, director de Marketing de Ticketmaster, nos dio más detalles del boleto digital el 12 de marzo. Explicó que la tecnología antifalsificación de la compañía intenta lograr que resulte prácticamente imposible duplicar un boleto legítimo.
El problema, sin embargo, no desaparece del todo. Siempre existe alguien dispuesto a fabricar boletos falsos en PDF, con logotipos y códigos QR inventados, para venderlos a fans que compran impulsivamente.
Por eso la empresa insiste en un consejo de comprar únicamente en canales oficiales como su propio mercado digital (marketplace) de reventa oficial entre aficionados donde los boletos pueden cambiar de manos dentro de la misma plataforma.
El verdadero desafío, sin embargo, rebasa la tecnología. La reventa de boletos en México sigue siendo un terreno irregular porque su regulación cambia de municipio en municipio. Sin una legislación federal clara, la digitalización puede reducir el fraude, pero difícilmente eliminará el negocio paralelo que vive alrededor de cada concierto. Ticketmaster, dijo, se compromete a proporcionar tecnologías y espacios seguros para la compra de boletos auténticos.
Eficiencia real
En sectores productivos donde abundan fierros de última generación operados con prácticas del siglo pasado, profesionalizar a toda la plantilla es quizá la innovación más rentable. Es que a veces la tecnología no se mide en algoritmos sino en disciplina operativa como en el puerto de Veracruz. Allí Hutchison Ports ICAVE, que comanda Javier Rodríguez Miranda, acaba de certificar a más de 400 colaboradores bajo estándares nacionales, un movimiento que dice más sobre competitividad que sobre recursos humanos. La certificación en esta industria es vital pues un error cuesta horas de operación y millones en logística. No se trata solo de saber manejar una grúa o un tractor portuario, sino de integrar procesos, seguridad y eficiencia en una sola cadena. En otras palabras, subir a la gente a la tecnología, no solo comprarla.
Columnista y comentarista

