No sé si coincidas, pero este enero se siente como un lunes eterno que se niega a arrancar. En lo informativo, al menos, parecía que nada despegaba hasta que me topé con un tema que, para bien o para mal, atraviesa hoy a empresas, universidades y familias por igual: la inteligencia artificial y el futuro laboral de los jóvenes.
Ayer, en un panel patrocinado por Prepa Tecmilenio, volvió a ponerse sobre la mesa la misma pregunta que ronda en juntas directivas y mesas de comedor, ¿qué demonios van a hacer nuestros hijos en un mundo donde las máquinas piensan, escriben, diseñan y programan?
La discusión conectó, casi de manera natural, con una ponencia que desde noviembre quise exponer pues fue casi una epifanía. Ian Beacraft, futurólogo y CEO de Signal and Cipher, dejó en el Dell Technologies Forum en la Ciudad de México una idea que sigue haciendo eco en mi mente. En la era de la IA no gana quien es más eficiente, sino quien mejor sabe explorar, adaptarse y rediseñar sistemas.
Beacraft dijo que la IA no solo automatiza tareas, también reinventa flujos de trabajo, modelos de negocio y hasta la forma en que tomamos decisiones. El problema es que muchas organizaciones siguen obsesionadas con hacer lo mismo, solo que más rápido, cuando la verdadera disrupción está en preguntarse si eso que hacen todavía tiene sentido. ¿De qué sirve que una tarea se ejecute cien veces más rápido si los procesos de decisión siguen siendo lentos, rígidos y burocráticos?
Según el experto, la vida útil de una habilidad dura actualmente ronda entre 18 y 36 meses, y en el mundo de la IA puede reducirse a seis. Lo que sabes importa cada vez menos, lo que importa es qué tan rápido puedes aprender, desaprender y volver a empezar. La paradoja es deliciosa y aterradora. Las habilidades hoy críticas, como la programación o la ingeniería de prompts, pueden ser automatizadas mañana. El verdadero valor está en entender cómo cada ola tecnológica cambia la naturaleza del trabajo y anticipar la siguiente.
Ahí es donde entra Tecmilenio con una jugada que, para muchos, todavía suena adelantada. En su modelo de preparatoria ya no se trata solo de enseñar a usar herramientas de IA, sino de enseñar a pensar con ellas. Román Rodríguez, CHRO de Henco; Miguel Silva, fundador de Time to Hire; y Yasminda Peña, directora académica de Prepa Tecmilenio, coinciden en que hoy pesa más la capacidad de entender el contexto, analizar problemas y entregar resultados con apoyo de IA, que memorizar datos o seguir procesos paso a paso.
La IA, dicen, debe verse como una extensión del pensamiento de los jóvenes, no como una bola mágica que da respuestas perfectas. De hecho, uno de los riesgos más serios es la gratificación instantánea al creer que la primera respuesta que arroja un modelo es siempre la correcta. Pensar con IA implica cuestionarla, contrastarla y usarla para que los morrillos tomen mejores decisiones, no para dejar de pensar.
Pero en medio de tanto algoritmo, el factor humano no desaparece. Al contrario, se vuelve más valioso. La comunicación, la empatía, la capacidad de colaborar y adaptarse siguen siendo el pegamento de cualquier organización. Por eso Tecmilenio está empujando también una formación socioemocional fuerte, donde los jóvenes aprendan a conocerse, a gestionar emociones y a trabajar con otros en entornos de incertidumbre.
En este nuevo mapa, los profesores dejan de ser simples transmisores de conocimiento y se convierten en guías. Y los padres, lejos de quedar al margen, entran a la ecuación con programas que los ayudan a entender cómo acompañar a sus hijos en el uso de la IA. Porque, al final, el verdadero desafío no es que la tecnología avance rápido, sino que los jóvenes aprendan a pensar, decidir y adaptarse más rápido que ella. Y eso, curiosamente, sigue siendo un asunto profundamente humano.
Los héroes del IFT
Si te preguntas qué había pasado con los héroes del IFT que hoy se asumen como víctimas del sistema y buscan una indemnización doble, déjame actualizar el expediente.
Recuerdas que la recién creada Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) hizo lo que correspondía jurídicamente, es decir, finiquitar a toda la plantilla y liquidar conforme a la ley a quienes fueron dados de baja. Hasta ahí, todo en orden. Sin embargo, un grupo de extrabajadores decidió que el cierre del IFT era la oportunidad perfecta para cobrar dos veces.
Originalmente eran 133. Hoy quedan 70. Todos ellos laboraban bajo el esquema de personal de confianza o libre designación, una figura que, para quien haya trabajado en el sector público, tiene una traducción sencilla: no hay estabilidad laboral garantizada ni derechos equiparables a los de un trabajador de base.
El detalle incómodo es que tanto el equipo legal de la CRT como el propio Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje (TFCA) ya revisaron el caso y llegaron a la misma conclusión de que la Comisión está legalmente impedida para realizar esos pagos de manera directa. No es una cuestión de voluntad política ni de sensibilidad social, es un tema estrictamente jurídico.
El punto clave es un documento que muchos hoy preferirían no haber firmado:el “Aviso de Cambio de Situación de Personal”. Ese papel, suscrito en su momento por los ahora inconformes, tiene un peso legal contundente, pues constituye una renuncia voluntaria. Así, sin matices.
Aun así, la CRT no está cerrando la puerta ni pateando el bote. Ha dejado claro que acompañará el proceso jurídico y acatará el laudo que emitan las autoridades laborales competentes, siempre y cuando los afectados ejerzan su derecho de demanda antes del 15 de febrero de 2026. Es decir, el camino institucional está abierto, pero no por la vía del berrinche mediático ni de la presión política.
La extinción del IFT dejó muchas preguntas sobre regulación, competencia y futuro del sector telecomunicaciones, pero también revela que, en el servicio público, los contratos se leen, las firmas pesan y la ley no puede ser tan flexible como la nostalgia laboral. Y eso, por incómodo que sea, también es parte del Estado de derecho.
Unico innovador
El fraude digital se convirtió en el deporte extremo de la economía latinoamericana. En los últimos dos años, casi la mitad de las organizaciones ya recibió el golpe y México figura entre los mercados donde el robo de identidad y de cuentas creció con más apetito. La ironía es que la misma inteligencia artificial que promete eficiencia también alimenta deepfakes y ataques cada vez más sofisticados. En medio de ese caos, destaca que Google Cloud haya reconocido a la plataforma Unico como Innovator of the Year en Databases. No es un premio decorativo, es una empresa latinoamericana que hoy verifica identidades en menos de un segundo en casi todas sus solicitudes, demostrando que la tecnología también sabe jugar del lado correcto.
Innovación inmobiliaria
Llegó Náutica Residences by Naúma a Madrid. Ese proyecto inmobiliario de Moisés Jafif, cuyos conceptos vanguardistas de hábitat han tenido éxito en Cancún, Quintana Roo, hizo su aparición esta semana en la Fitur de España con el objetivo de atraer clientes e inversionistas internacionales. Hablamos de departamentos que han incorporado innovación como parte del activo, desde eficiencia energética, manejo del agua y servicios inteligentes. Detrás del proyecto están Naúma Development Group, en alianza con Authentic Brands Group, propietaria de la marca Nautica. Con una inversión estimada en 5 mmdp, dos torres de 20 niveles y más de 50 amenidades premium, el proyecto combina residencia, servicios y tecnología.
*Columnista y comentarista






